La elección intermedia y el estilo de gobernar

La elección intermedia y el estilo de gobernar

Bulmaro Pacheco

 

Domingo 23 de febrero de 2020

 

Algo deberá hacer el presidente López Obrador con su partido Morena ante el riesgo de perder la mayoría en la Cámara de Diputados, en la elección del próximo año.

 

Y al decir mayoría es también reconocer que no la obtuvieron en 2018 como partido al lograr solo 191 diputados, sino que la construyeron después a un alto costo, con el infaltable y acomodaticio Partido Verde y una parte de los legisladores del PRD.

 

Dos son los problemas que presionan a López Obrador en el mediano plazo: La ineficacia de su gobierno en muchas de las instancias administrativas públicas y la crisis de su partido.

 

Faltan apenas seis meses para el inicio del proceso electoral —en los primeros días de septiembre— con la instalación formal del INE y los institutos estatales, para empezar a revisar la instalación de los comités distritales y los de las 156 mil casillas en lo nacional y las que corresponden a cada estado (más de 3,500 en Sonora).

 

Está próximo el relevo de cuatro consejeros nacionales en el INE y el 28 de febrero (cumplidos los requisitos de las afiliaciones y las asambleas ante el INE), se sabrá cuántos nuevos partidos van a participar el año próximo además de los siete con registro. El INE informa que de 106 organizaciones que solicitaron el registro, solo 13 hicieron asambleas y afiliaron militantes y apenas 5 parecen cumplir la totalidad de exigencias.

 

Entonces más de diez partidos, buscarán ubicarse en la competencia por un mercado electoral superior a los 89 millones de votantes registrados –hasta el 14 de febrero del 2020– en la lista de electores, donde 46.1 millones son mujeres y 42.9 hombres.

 

Quizá para la fecha de la elección, se llegue a los 90 millones de votantes, con una posibilidad del 60% de participación.

Será la elección intermedia que siempre ha servido para observar a través del voto y los procesos electorales, el grado de aprobación o rechazo que tienen los presidentes de la República a la mitad de sus sexenios.

 

El gobierno de López Obrador no será la excepción, y sus adversarios lo saben. Él, por su cuenta —y como máximo líder de su partido—, le ha recomendado a sus representantes populares que busquen la reelección el próximo año. Sus diputados saben que López Obrador ya no estará en la boleta electoral y eso les hará más difícil la posibilidad de reelección.

 

En la elección intermedia se valora el estilo personal de gobernar de los presidentes de México y —ahora— el voto ciudadano representa la única posibilidad de influir en los cambios y exigir el cumplimiento de las principales demandas ciudadanas.

 

La historia registra particularidades de las elecciones intermedias, por dos cuestiones fundamentales: La situación del país en sus principales rubros y el estilo personal de gobernar de cada presidente. Suficientes son tres años para evaluar si cumplieron lo que ofrecieron o si fallaron, con el consiguiente desencanto —y rechazo—de quienes los votaron.

 

La elección intermedia de 1967 por ejemplo, fue la maduración del PAN en lo local, a 28 años de haber sido fundado. El PAN mostró músculo en Yucatán, Sonora, Nuevo León, Jalisco y Baja California. El estilo personal de gobernar duro y rígido del presidente Díaz Ordaz generó movilizaciones en las clases medias y dio paso a acciones violentas, fuera de la ley, con la aparición de movimientos guerrilleros y derrotas del PRI.

 

La elección intermedia de 1973 se dio en medio de problemas económicos, que tuvieron como origen la crisis del petróleo a nivel internacional. El PRI perdió distritos federales en la Ciudad de México y Tamaulipas; y el PAN logró el 15% de la votación con 25 diputados. La democracia mexicana, avanzaba y retrocedía con un solo candidato presidencial reconocido legalmente en 1976.

 

La elección intermedia de José López Portillo en 1979 se caracterizó por inaugurar la reforma política con nuevos partidos y la derrota del PRI en ayuntamientos y distritos, principalmente en el norte de México.

 

Miguel De la Madrid enfrentó tensiones en Chihuahua y en otras partes del país a partir de 1983.  Empezó a perder capitales importantes y distritos federales, derivado de la enorme devaluación ocurrida en ese sexenio. (Miguel De la Madrid recibió la paridad a 57 pesos por dólar en 1982 y a finales de su sexenio la entregó a 2,289 en 1988.

 

Carlos Salinas de Gortari tuvo una buena elección intermedia —la mejor  de un presidente hasta ahora—, derivada de las principales medidas tomadas desde el inicio de su gobierno, sobre todo en el terreno político. En 1991 el PRI ganó 290 de los 300 distritos electorales federales. Sin embargo, ya había perdido Baja California en 1989 y al año siguiente (1992) perdería Chihuahua.

 

Todo cambió en la elección federal de 1994 cuando, aunque se haya registrado el más alto nivel de participación política, la polarización le ganó a la conciliación y se dejó venir la crisis económica de 1995.

 

Ernesto Zedillo perdió el control del Poder Legislativo en la elección intermedia de 1997, también el gobierno de la Ciudad de México, y a partir de ahí el PRI fue perdiendo su papel hegemónico en las gubernaturas. Zedillo recibió la paridad peso dólar en 3.37 –ya sin los tres ceros–, recomendando él mismo la necesidad de devaluar antes de asumir la Presidencia, algo que sus antecesores rechazaron de tajo.

 

En 2003 Vicente Fox tuvo su primera reacción de desencanto con la oferta de cambio con que inició su gobierno. El PAN cayó de 206 a 152 diputados federales en esa elección y Fox tuvo que pactar con los gobernadores de otros partidos el manejo de sus iniciativas.

 

En 2009 el PAN cayó de 206 a 143 diputados en la primera mitad del gobierno de Felipe Calderón. La economía mexicana cayó 9% ese año.

 

En 2015 la primera mitad del gobierno de Enrique Peña Nieto precedido por la fama de las reformas estructurales, el PRI pasó de 213 a 203 diputados. Meses después el PRI perdería gobiernos estatales. Peña Nieto empezó su gobierno con 20 estados gobernados por el PRI. Al salir solo había 12. La verdadera tragedia del PRI fue en 2018 cuando solo alcanzó 45 diputados federales. Año en el que también quedó en tercer lugar en la elección presidencial. Entre la intermedia de 1967 y la del 2009 el PRI pasó del 83.3 al 36.8% de la votación. El PAN del 12.4 al 28.0, pero el nivel de abstención en el mismo período, pasó del 37.7 al 55.5%.

 

En 2021 será la elección intermedia del presidente López Obrador y no será la excepción de que el ciudadano con su voto muestre la evaluación de su gobierno en los primeros tres años.

 

Además de la ineficacia del gobierno, su partido Morena está dividido y en crisis. Sus gobernadores y la mayoría de sus autoridades municipales han dejado mucho que desear en su desempeño.

 

¿Qué va a ofrecer Morena en 2021 para emocionar al votante, si ya no estará López Obrador en la boleta electoral?

 

Las ofertas de 2018 lucen agotadas (pensiones a ex presidentes, avión presidencial, desaparición del EMP, la residencia de los Pinos etc.)

 

Por el estilo personal de gobernar del presidente, en apenas  año y medio  el país se ve polarizado y dividido. El gobierno luce paralizado en algunos rubros y muchos miembros del gabinete no se ven, algunas reformas están encapsuladas y no  operan desde lo local. A pesar de la presunción de encuestas y sondeos, no es una buena perspectiva para Morena y su máximo dirigente, la elección intermedia del próximo año.

 

bulmarop@gmail.com