¿Hacia dónde vamos?

Kiosco Mayor

De Francisco Rodríguez

 

Martes 28 de enero de 2020

 

¿Hacia dónde vamos?

(Una de dos partes)

 

*Más bien, ¿hacía donde debemos dirigir al país?

*Inseguridad y crecimiento, los  dos grandes temas

*INSABI, ejemplo de improvisación y desorganización

 

Es común que en las fechas decembrinas nos demos el espacio para meditar, para proponernos nuevos propósitos y expresar mejores y mayores deseos para el año que inicia.  Todo ello lo hacemos en el ámbito personal, pero hoy más que nunca, debemos reflexionar acerca del entorno económico-social-político de nuestro municipio, de nuestro estado, del país. 

 

En anteriores columnas señalé lo que a mi juicio eran los errores, desaciertos, en que ha incurrido la nueva administración de gobierno federal.  Asimismo, apunté con claridad las acciones que me parecían correctas, acertadas, en la gestión de la 4T, por lo que no es mi propósito el hacer de nuevo un recuento de estos errores.  Sin embargo, estos desaciertos persisten y en algunos casos se agravan.  Además, se siguen acumulando graves y nuevos problemas, en el ejercicio de gobierno de la 4T.  Veamos: 

 

En este nuevo año, persisten, están vivas, las más sentidas demandas del pasado año, de los mexicanos: seguridad y crecimiento económico.  Joaquín López-Doriga, en su columna "En Privado", de fecha 7 de enero del 2020, del periódico Milenio, aborda el tema señalando que "a lo largo de los primeros 13 meses de la presidencia de López Obrador, la violencia criminal ha mantenido su tendencia, siendo 2019 el año con el mayor número de homicidios dolosos de que haya registro, 32 mil 604 de enero a noviembre, uno cada 15 minutos, 2.7 por ciento más que en ese lapso de 2018, a lo que él ha respondido que es una herencia, lo que la estadística no le niega, pero que de mantener esa inercia, en 2020 no podrá seguir endosándolo al pasado, ya serán, como dicen, sus muertos, nuestros muertos, que lo han sido siempre, cuando los gobiernos han puesto sus estrategias, y el pueblo los muertos.

Este es uno de los vuelcos que tiene que dar el presidente López Obrador si de verdad quiere que su régimen sea una transformación, la cuarta transformación. Sin resolver este problema no habrá cuatroté".

 

También aborda el tema del crecimiento económico:

 

"Sé que ante las cifras, él siempre tiene otros datos. Pero una cosa son esos, sus otros datos, y otra la realidad. Su gobierno pasó del compromiso de crecer al 4 por ciento en 2019, al 2 por ciento, que como candidato decía que era un fracaso, a no crecer. Hoy no se crece por varios factores que los dirigentes empresariales susurran en privado y niegan en público: la incertidumbre, la desconfianza, la ausencia del estado de Derecho…El punto es que mientras no se dé el marco de confianza y los empresarios no inviertan, porque no lo hicieron en 2019, ahí está el crecimiento cero, y no se reviertan los niveles de violencia e inseguridad, por más puntos de inflexión que se hayan cruzado en el discurso, esto no va a marchar. Y la 4T, difícilmente".

 

Como esta opinión y muchas otras más que comparto plenamente, la seguridad y el crecimiento económico, son dos motores de desarrollo que requiere nuestro país, que nos brindaría confianza, seguridad en nuestras calles, hogares, trabajos, en nuestras familias, y la seguridad que requieren los empresarios para invertir y sobre todo la imagen del país, hacia el interior y el exterior de que vivimos en un estado de derecho.  Lamentablemente, esto no es así.  PERO NO PASA NADA.

 

Reitero, no está en mi ánimo asumir una posición crítica "machacona" de los graves errores y desaciertos que se han dado en la gestión de gobierno de la 4T,  sin embargo, no puedo ni debo eludir referirme a los grandes temas, que afectan a nuestra nación, como es el caso de PEMEX, empresa orgullo del pueblo mexicano. De acuerdo con el informe de la Secretaría de Hacienda, en los primeros diez meses del año, en el tercer trimestre, PEMEX perdió 88 mil millones de pesos, mientras que en el mismo periodo del año anterior, obtuvo utilidades de 26 mil 770 millones de pesos.

 

Seguimos demostrando y asumiendo, como ciudadanos, una actitud indiferente e insensible ante la obstinación del presidente de no hacer alianzas estratégicas con el sector privado, ni reanudar las rondas petroleras de la reforma energética, que le darían al gobierno 80 centavos por cada dólar de petróleo que extraigan los privados. De esta manera, PEMEX es un barril sin fondo, y hoy la estrategia es fortalecer a la empresa vaciando las arcas, otro error que nos indica que vamos mal.  Sin duda, estamos pagando los costos de un capricho del Presidente de poner al mando de esta empresa, del pueblo de México, a un Ingeniero agrónomo. PERO NO PASA NADA.

 

Podemos continuar con la política asistencialista de AMLO, que algunos la consideran con fines electoreros.  En mi opinión, estoy de acuerdo en apoyar a los sectores más vulnerables de la sociedad, como adultos mayores, discapacitados, jóvenes, etc. La Cámara de Diputados (mayoría morena), le aprobó grandes cantidades de recursos económicos para este fin, (En mi anterior columna me referí a los montos y porcentajes aprobados). Reitero, no puedo estar en desacuerdo con estos apoyos, sin embargo, no deben de ir en deterioro de otros importantes rubros, como respaldar la infraestructura urbana-carretera, que nos brinden empleo, ingreso en las familias, al campo mexicano: que no cuenta con recursos ni créditos, ¿cuándo terminaremos con esta humillante dependencia alimentaria del exterior?

 

Con estos programas asistenciales de entrega de recursos en forma directa y en efectivo, no generamos riqueza ni empleos, por el contrario, los estamos perdiendo dramáticamente. Al respecto, el periodista Carlos Loret de Mola, en su columna "Historias de Reportero" de fecha 7 de enero de 2020, publicada por el periódico Expreso, la titula "AMLO en diciembre, medio millón de empleos perdidos".  En ella describe con toda precisión, la forma, los términos, los tiempos en que se dio esta pérdida de empleos, PERO NO PASA NADA.

 

En muchas de las acciones, que ha emprendido la 4T, se denota improvisación, desorganización, desconocimiento, falta de experiencia en su concepción, ejecución y por supuesto en su operación.  Estas, mis anteriores afirmaciones, tienen su real sustento, basta analizar lo que sucedió en los primeros días del mes de enero, se afectó de manera dramática a un importante sector (53 millones de mexicanos), en la parte más sensible del tejido social: la salud.  Para los pacientes fue un muy rudo despertar en los primeros días del año.  Angustiados, dolidos, mal atendidos, con cobros fuera de su posibilidad económica, aumento en el cobro por hospitalización, medicamentos, cirugías, entre otros.  De nuevo la improvisación, la falta de planeación, todo apunta a que se carece de los conocimientos y experiencia.

 

Este grave problema ha sido abordado por connotados expertos y columnistas, entre ellos el periodista e historiador Héctor Aguilar Camin, en su columna "Incertidumbres del INSABI", de fecha 14 de enero de 2020, publicada en el periódico Expreso. Los ex secretarios de salud, Julio Frenk y Salomón Chertorivski, han hecho un primer balance de las incertidumbres que el INSABI echa sobre el conjunto del sector salud.  El primer asunto que destacan los exsecretarios es que el importantísimo instituto, que regirá la salud pública de México, "nace" sin reglas de operación, sin manuales, sin una planeación detallada de su implantación, sin una fase piloto de prueba y sin mayor presupuesto (Reforma de enero de 2020).  El INSABI, es un instrumento sobre el que priva enorme confusión.  Lo mismo en las instituciones y en los responsables del sector, sobre todo en los usuarios. Según Frenk y Chertorivsky, el INSABI, siembra en el sistema de salud, cuatro incertidumbres:

 

1.- Sobre el financiamiento que recibirán las instituciones antes vinculadas al seguro popular.

 

2.- Sobre los derechos que conservan, en el nuevo sistema, los 53 millones de derechohabientes del seguro popular.

 

3.- Sobre las reglas a seguir para los gobiernos de los estados, que algunos no han querido suscribir con el nuevo instituto.

 

4.- Sobre el destino laboral del personal asociado al seguro popular, unos 80 mil trabajadores, cuya federalización debería producir en principio un nuevo sindicato federal de ese tamaño.  Hoy ya se presentan reclamos, marchas, plantones de esos trabajadores despedidos.

 

La reforma a la Ley General de Salud, misma que entró en vigor el primero de enero, busca lograr la universalidad y gratuidad total en la prestación de los servicios de salud que habrá de proporcionar el INSABI, y que antes lo hacía el seguro popular.

 

Considero que nadie puede objetar o estar en desacuerdo con la reestructuración del sistema de salud, sobre todo porque el propio Presidente la compara con los servicios de salud que prestan los países nórdicos, Canadá, Reino Unido, etc.,  pero la realidad ha sido en estos primeros días de enero, sumamente distinta, su implementación, planeación, ejecución, está resultando compleja y altamente confusa.  El Gobierno ha empezado a "bote pronto", a través del Sub-Secretario de Salud, Hugo López-Gatell Ramírez, y el mismo Presidente, a hacer correcciones.  Dentro de todo, que bueno que lo hagan, pero el plazo para que aterrice esta reforma y la operación del INSABI, será de un año, ojalá así sea.  Mientras tanto, NO PASA NADA.

 

Con esta firme y clara declaración del Presidente de la República, que en un año habrá de aterrizar, cuajar, esta reforma al sistema de salud (INSABI), y transcurrido ese lapso, tendremos servicios de salud para los mexicanos al igual a los que prestan países altamente desarrollados, debo de concluir, en mi particular punto de vista, que este año que iniciamos, será coyuntural, decisivo, para buscar consolidar su proyecto de gobierno y su llamada, "Cuarta Transformación".

 

Debemos de entender, y por qué no comprender, que el año que concluyó (2019) esta administración fue de "aprendizaje" y de "sentar las bases" para resolver el "desastre heredado".

 

En este orden de ideas, deseo retomar la opinión de Salvador García Soto, quien escribió en su columna "Serpientes y escaleras" (El Universal) del pasado 7 de enero y tituló "2020:  el fin de los pretextos". "Este año, dice el periodistas, tendrá que ser diferente y demostrar con resultados concretos y ya no con pretextos, la forma diferente de hacer las cosas, lo positivo que presumen de los nuevos programas y políticas de gobierno y la eficiencia que hasta ahora le ha faltado al aparato gubernamental en el ejercicio del gasto público.  Digamos que, para efectos políticos, en este segundo año de gobierno Lópezobradorista, y con los resultados que logre en los dos grandes pendientes, con los que cerró el primero año: Economía con incertidumbre y sin crecimiento, además, de la grave crisis de inseguridad y violencia en casi todo el territorio nacional, se define en buena medida el escenario político-electoral para los comicios intermedios del 2021". 

 

Sin resultados positivos, concretos y medibles, la posibilidad de mantener la mayoría legislativa (diputados federales, de MORENA, en el Congreso de la Unión), le resultará sumamente difícil mantenerla. Así lo señala el citado columnista: "Porque aunque el reparto multimillonario de becas, pensiones y subsidios con dinero público (y en efectivo, le agrego) tendrá sin duda un efecto político y electoral rumbo a las elecciones parlamentarias, al asegurar votos de sectores beneficiados y clientelares, lo que no puede acentuarse en el año que inicia es la imagen de un gobierno poco eficiente, que no generar suficiente certidumbre para las inversiones privadas, que no invierte suficiente en gasto de infraestructura y en obras públicas para los servicios públicos básicos que demanda la población y que no puede con el enorme reto de pacificar al país y garantizar la seguridad de los mexicanos".

 

En un principio manejé como hipótesis muy personal, que quizá el Presidente requeriría dos años para materializar en los hechos lo prometido en su Cuarta Transformación. Al parecer es una realidad, según lo establece Pascal Beltrán del Río, en su columna "bitácora del director, publicada en el periódico Excélsior: "El Presidente Andrés Manuel López Obrador ha comentado que los resultados de su gobierno no se verán hasta el próximo primero de diciembre, cuando cumpla dos años en el poder, para esa fecha, ha precisado", estarán sentadas las bases para la cuarta transformación. "Se trata de un reconocimiento que realizar los cambios que prometió le ha resultado más complicado de lo que él esperaba. Cuando era candidato, dijo que la inseguridad, acabaría al día siguiente de su triunfo electoral.  Luego pidió seis meses para lograrlo. Después un año, ahora dos años."

Esta es la cruda realidad, todo indica que vamos en un barco a la deriva, que no está enfilado a puerto seguro. 

 

Enfrentamos serios y graves problemas: inseguridad, economía (crecimiento cero),  salud, empleo (caída brutal),  desconfianza de los empresarios (no invirtieron en 2019),  campo mexicano, cancelación de apoyos a estancias infantiles, cooptación de los organismos autónomos, se avizoran serios problemas con la reforma al sistema de justicia.  Sin embargo, hoy tenemos por fin, una definición, el Presidente ha solicitado dos años (próximo diciembre), para cumplir los compromisos, promesas y proyectos de la llamada "Cuarta Transformación".

 

En renglones anteriores, cuando señalaba y describía, los grandes problemas y rezagos que hoy en día enfrentamos los mexicanos, resalté con letras mayúsculas, las palabras NO PASA NADA. No obstante, esta propia afirmación no es del todo cierta, si pasa y mucho, en muchas personas y sectores de la población existe incertidumbre, desesperación, desaliento, desconfianza y coraje por la situación económica- político-social que hoy vivimos. 

 

Sin embargo, lo que es muy cierto es que NO PASA NADA con la figura e imagen de AMLO.  El Presidente se mantiene por arriba del 50% de popularidad; debemos reconocer que ha demostrado eficacia al utilizar los medios de comunicación (conferencias mañaneras, frases hechas con alto impacto en la opinión pública, etc.), lo cual le ha permitido mantener el apoyo de un sector importante de la población y la lealtad de sus seguidores y correligionarios. 

 

No cabe duda, el discurso presidencial ha logrado amortiguar la falta de resultados, mediante una pertinaz y reiterada crítica al pasado.

 

Reconociendo lo anterior, cabe preguntarnos: ¿Hasta dónde y hasta cuándo llegará el límite de la paciencia ciudadana?

 

(Le seguimos mañana).

 

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