Sonora y México en el 2021: ¿puede ganar el PRI?

Sonora y México en el 2021: ¿puede ganar el PRI?

Bulmaro Pacheco

 

Domingo 29 de diciembre de 2019

 

Después de la victoria de Andrés Manuel López Obrador en julio del 2018, volvieron a ponerse de moda los futurólogos anti PRI. Sus juicios han sido fulminantes y sin reconocimiento de nada: "Ya no tiene remedio", "ya se agotó", "ya dio lo que tenía que dar", "ya terminó su función histórica", "se lo acabaron los corruptos", "Peña Nieto le dio la puntilla", "ahora Morena es el nuevo PRI", es lo menos —a veces con razones, a veces con cierta exageración— que se ha dicho por meses. Nada nuevo que no se haya repetido con insistencia por los adversarios del PRI por lo menos desde 1994.

 

Tanto con el crimen de Colosio en 1994 como en la derrota ante Fox en el 2000, los que ahora pronostican el final también lo hicieron en aquellos tiempos.

 

Había sus razones: El PRI había experimentado la peor de sus rupturas —desde 1952— en 1988 con la salida de Cárdenas y Muñoz Ledo, entre otros; a sus costillas se formó un nuevo partido político en 1989: El PRD; como no le había ocurrido desde 1930, le asesinaron a su candidato presidencial y a su secretario general en 1994; y en 1995 le estalló al nuevo gobierno la peor crisis económica (devaluación y caída del crecimiento económico) de los últimos años, el llamado "error de diciembre".

 

Además, entre 1989 y el año 2000 el PRI perdió 13 gobiernos estatales, empezando con Baja California; tres nuevos partidos políticos más surgieron de sus filas: el Verde, Convergencia (hoy Movimiento Ciudadano) y el PANAL, con la salida de Elba Esther Gordillo.

 

Debe agregarse que después de muchos años de control político, el PRI perdió por primera vez la mayoría en la Cámara de Diputados en 1997; había enfrentado escisiones importantes –impensables en otras épocas– en candidaturas estatales ganadas por sus militantes pasados a la oposición en Baja California Sur, Zacatecas, Nayarit, Chiapas, Tlaxcala y posteriormente en Durango, Oaxaca, Sinaloa y Guerrero, entre otros.

 

Empezaron los juicios penales contra los ex gobernadores –los primeros: Mario Villanueva de Quintana Roo y Guillermo Mercado de Baja California Sur; hasta la fecha van enjuiciados 19, de los cuales 12 han sido del PRI y el resto del PAN y el PRD–.

 

Varios llevan juicios simultáneos en Estados Unidos por delincuencia organizada, y ya son más de diez los que han pisado la cárcel.

 

A diferencia de entidades como Yucatán, Sinaloa, Nuevo León y Chihuahua, en donde se recuperó a los 6 años de la derrota, existen todavía entidades donde el PRI casi fue borrado del mapa y nunca se ha recuperado: la Ciudad de México, Baja California, Morelos y Guanajuato. ¿Por qué? El tiempo ha demostrado que cada realidad local es diferente y que tiene sus propias características, historias y tradiciones políticas y sociales.

 

Al quedar sueltos los gobernadores ante la victoria del PAN en el 2000, ya sin el control presidencial del centro, se dispararon los casos de los escándalos de corrupción, imposiciones políticas, asociaciones delictuosas y nepotismo en los estados, que se acrecentaron a partir de las postulaciones del 2010, con la figura más emblemática de la corrupción y los desórdenes en el México de esos tiempos: Javier Duarte Ochoa, de Veracruz.

 

En 2005 muere en accidente de aviación en circunstancias nunca aclaradas, el gobernador de Colima Gustavo Vásquez. En 2010 es asesinado su sucesor en el cargo, Silverio Cavazos.

 

Ese mismo año es asesinado el candidato del PRI al gobierno de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú.

 

En 2015 es herido a balazos el ex gobernador de Colima Fernando Moreno Peña, después serían detenidos los ex gobernadores de Tamaulipas Tomás Yarrington y Eugenio Hernández, el de Quintana Roo Roberto Borge y en 2017 en San Diego California el fiscal general del gobierno de Nayarit Edgar Veytia por tráfico de drogas. Después de todo esto: ¿Cómo no explicarse la baja votación por el PRI  en la elección presidencial de 2018?

 

¿Qué estaba pasando con los gobernadores? ¿Nuevas expresiones de un poder descontrolado y sin límites? ¿Qué se había perdido  en las entidades federativas y por qué tantos escándalos? ¿A qué grado la política local ha sido infiltrada por el hampa organizada? ¿Cuándo se agotaron los controles del sistema político para que las gubernaturas fueran una especie de virreinatos o tierra de nadie?

 

En las últimas 4 elecciones presidenciales, el PRI pasó del 36.9% de la votación en el 2000 al 22.9 en 2006, 39.2 en 2012 y el 16.9 en 2018.Obtuvo 13.5 millones de votos en 2000. Cayó a 9.2 millones con la candidatura de Roberto madrazo en 2006, subió a 19.1 millones de votos con Enrique Peña Nieto y cayó con José Antonio Meade a casi la misma cantidad obtenida en 2006 con Roberto Madrazo (9.289 de Meade contra 9.237 de Madrazo).

 

La conclusión es que con las candidaturas de Madrazo y Meade, el PRI tocó fondo y solo lo sostuvo su voto duro, ya que tanto en el 2006 como en 2018 muchos de sus votantes se dispersaron entre Felipe Calderón y Andrés Manuel López Obrador. Así quedó demostrado con la cantidad de votos alcanzada en 2012 cuando un PRI reunificado y con un buen candidato regresó al poder.

 

En las últimas 7 elecciones de gobernador de Sonora, el PRI pasó de 201,658 votos en 1979 a 486,944 en 2015. El PAN pasó de 39,985 en 1979 a 463,963 en 2009 cuando ganó, y cayó a 415,745 en la elección del 2015.

 

El margen de victoria electoral del partido ganador de la gubernatura  de Sonora pasó de 65% en 1979 a 1.0% en 2003, 4.2 en 2009 y a 7.1% en el 2015. Hasta esa fecha la candidatura se definía solo entre las dos principales fuerzas políticas de Sonora.

 

Por lo que se ve y hasta ahora, para el 2021 la elección en Sonora será diferente porque la elección principal no será ya entre dos partidos. Para ese año se ven en la contienda: PAN, PRI y Morena faltando lo que decidan en 2020 el resto de los partidos y los independientes, si se van por alianzas, o postulan a sus propios candidatos. El mercado electoral a disputarse, será de un poco más de 2 millones de votantes registrados en la lista electoral.

 

Cualquier partido o independiente que quiera ganar la gubernatura en 2021, requerirá de 500 mil votos; En 2015 el PRI llegó a 486 mil. El PAN a lo máximo que ha llegado es a 463 mil. Los partidos grandes tienen sus reservas en el voto duro para tratar de obtenerlos pero no les alcanza. Morena entre los simpatizantes de López Obrador.

 

Pero Morena ya no tendrá en la boleta electoral a AMLO y tanto sus alcaldes como sus diputados locales electos en 2018 enfrentan el descrédito por su ineficacia y porque no respondieron a la expectativa de cambio que los llevó a los cargos. Morena no tiene estructura territorial en la entidad.

El PRI está en el poder estatal y tiene estructura territorial. Su voto  a favor dependerá de los saldos del gobierno estatal, de la unidad interna que logre mantener y de la calidad y buena imagen ante los electores de los candidatos que postule. Nada más.

 

El voto a favor del PAN va a depender de la calidad de sus candidatos y de su estrategia para liberarse de la sombra de corrupción del gobierno padrecista que todavía los alcanza, los limita y los confunde. También cuenta con estructura territorial. El resto de los partidos deberá replantear sus alianzas o sus reales posibilidades.

 

Para tener una presencia notable en la Cámara de Diputados al Congreso de la Unión, el PRI deberá incrementar su porcentaje de votación cuando menos al 27% de los votos emitidos. Tendría que sumar 11 puntos a la votación lograda en 2018.

 

Si para entonces, la lista de electores ronda los 91 millones de mexicanos y la participación nacional alcanza a un 55% de la lista, el número de votos que deberá alcanzar el PRI andará entre los 15 y los 18 millones de votos. Más votantes en la lista y un mayor número de gobiernos estatales en disputa elevarán tanto la competencia como la temperatura electoral en toda la República.

 

El PRI —dejando de lado los determinismos históricos que hasta hoy han fallado—, podría ganar con buenos candidatos en la mayoría de los 300 distritos, con una buena oferta política hacia el electorado, con mucho trabajo político en lo local, y con buenos candidatos en las gubernaturas estatales. Difícil, pero no imposible.

 

¿Pero se requerirán solo buenos candidatos? No. También una estrategia para combatir la mala imagen del PRI causada por el gobierno federal anterior y por los gobernadores y personajes corruptos que no se midieron en la utilización de los recursos públicos para beneficio personal. A ellos les fue muy bien en lo económico y al PRI muy mal en lo político. Ahí estará el principal reto a enfrentar el año próximo y el de la verdad en el 2021.

 

bulmarop@gmail.com