Que hablen, ahora y siempre, los poemas

Vertiente diciembre 13 2019.

Que hablen, ahora y siempre, los poemas.- Releo a los poetas más ciclónicos de América, del mundo, y sus voces me dicen que es preciso dejar caer sobre el corazón labrantío de las nuevas generaciones, la semilla del arte, de la cultura

Bernardo Elenes Habas

Releo a los poetas más ciclónicos de América y del mundo: Pablo Neruda, César Vallejo, Nicanor Parra, Federico García Lorca, Miguel Hernández, León Felipe, Gabriela Mistral, Octavio Paz, Margarita Paz Paredes, Alfonsina Storni.
Sus voces me dicen que en los nuevos tiempos es preciso dejar caer la semilla del arte, de la cultura, sobre el corazón labrantío de las nuevas generaciones. Para que germine en esas parcelas luminosas la sensibilidad del hombre nuevo.
Los personajes públicos de esta hora en todos los ámbitos, están obligados a comprender que más allá de la actividad política está la esencia, la inteligencia, la pasión de la gente, y preponderantemente de la niñez y la juventud, donde debe sembrarse ese germen de luz para que desde adentro, desde el fondo de sus capacidades humanas creativas, construyan el tipo de sociedad que anhelan. Poetizar, antes que politizar.
La mejor vacuna, la más legítima terapia, el más definitivo aliciente para que los mexicanos, los sonorenses, los cajemenses que inician el camino vital, encuentren objetivos claros, limpios, señeros y no se desvíen por senderos ominosos, es la del trabajo creativo.
Porque cuando se estimula la inteligencia, los talentos. Cuando se abren las oportunidades para la expresión estética, la literatura, la danza, la música, el teatro, la pintura, se está definiendo un horizonte formidable para la vida…
Y, como hoy es viernes, le regalo un poema matizado de tiempo y vivencias:
Nosotros -mi generación-, éramos una pandilla de soñadores.
Dejábamos que cayera la noche sobre la piel dormida de Cajeme, y jugábamos a ser poetas.
Instalábamos nuestro taller creativo, en cualquier mesa de bares y restaurantes. Ejercitábamos la palabra hablada y escrita. Nos sentíamos dueños del mundo.
Esas experiencias se las llevaron junto con la luz que nunca se extinguió de sus almas, Jesús Antonio Salgado, Luciano, Ramón Íñiguez Franco, José Antonio Ruiz, Antonio Fonseca, Carlos Verduzco Meza. Lo recuerdan bien Daniel Delgado Saldívar, Rigoberto Badilla López, Maria Gloria Carbajal, Alí Sierra, Gregorio López Ruiz, Luis Alfonso Valenzuela Segura, Ricardo Nieblas Osuna, José Manuel Franco, y tantos amigos quienes, juntos, aprendimos a romper el silencio, a arrojar las piedras, los gritos de nuestras rebeldías contra los escaparates de la indiferencia, a unir la acción a la palabra, porque era, es y será la semilla del poema: 
Primero que la vida derrame sus metáforas./ Que la canción oscura de la noche/ busque cauces antiguos./ Que la tristeza diga dónde y cuándo la luz/ revienta como un sueño./ Luego, hable el poema.
Primero que trascienda el gozo de estar vivos./ Que la piel busque nombres./ Que el grito sea antorcha./ Que en el tiempo, tan sólo, se deshoje el silencio./ Luego, hable el poema.
Hable con voz antigua./Presente./Futura./ Con ternura indecible./ Con ira incontrolada contra las injusticias./ Con luces que se alargan./ Con decisión frontal, sin sombras pegajosas, sin cuchillos anónimos.
Que lance como un faro/ su grito de relámpagos./ Que descienda en la lluvia./ Que germine adjetivos./ Que reparta sus verbos,/ semillas de la vida, semillas de la muerte...
Que hablen, pues, ahora y siempre los poemas....
Le saludo, lector.