MORENA: ¿una opción diferente?

MORENA: ¿una opción diferente?

Bulmaro Pacheco

 

Domingo 10 de noviembre de 2019

 

¿Cuál es la explicación más convincente para tratar de justificar el paso de un militante de un partido a otro? ¿La insatisfacción por la falta de oportunidades? ¿La diferencia por el rumbo de los partidos a la luz de la realidad? ¿El enfoque sobre los problemas de la gente? ¿El desprestigio de algunos cuadros gobernantes que han fallado a los partidos? ¿La impaciencia por no obtener lo que se desea en relación a oportunidades políticas o administrativas? ¿Ver la política como una aventura en lugar de una herramienta para tratar de influir sobre la realidad? Dice Kukathas que "el principio fundamental que define la sociedad libre es el de la libertad de asociación y también la de disociación. Y que una sociedad es libre en la medida en que esté preparada para tolerar en su seno a colectividades que difieren o disienten de sus tradiciones o prácticas". Tiene razón.

 

En 1940 la escisión más notable en el PRM fue la salida del militar Juan Andrew Almazán, que dio lugar a la formación del PRUN.

 

En 1952, Miguel Henríquez Guzmán se llevó a una parte importante del cardenismo hacia la Federación de Partidos del Pueblo, que participaría con él como candidato contra el del PRI, Adolfo Ruiz Cortines.

 

Esa fue la ruptura más importante experimentada por el PRI antes de 1987, cuando Cárdenas y Muñoz Ledo se salieron del PRI porque no coincidieron con el presidente Miguel De La Madrid en su propósito de impulsar la candidatura de Carlos Salinas de Gortari, lo que dio lugar primero al Frente Democrático Nacional, que postuló a Cuauhtémoc Cárdenas y posteriormente la fundación del PRD, en mayo de 1989, que postularía a Cárdenas de nuevo en 1994, para jefe de Gobierno de la Ciudad de México en 1997, y de nuevo en la presidencial del 2000.

 

El PAN ha tenido sus crisis y rupturas. Una a principios de los sesenta de siglo pasado, otra en 1975, una más en 1992, y otras relacionadas con sus ex presidentes Fox y Calderón, lo que dio lugar a la candidatura independiente de Margarita Zavala en 2018 y a la organización de un nuevo partido político impulsado por Felipe Calderón para el 2020.

 

Personas cercanas al PRI y al gobierno impulsaron la formación de los partidos del Trabajo y del Verde Ecologista.

Dante Delgado renunció al PRI para formar su propio partido político, llamado originalmente Convergencia, en 1999, hoy Movimiento Ciudadano, que ha desplazado al PRD como cuarta fuerza política.

 

Elba Esther Gordillo, exsenadora y diputada federal del PRI, decidió fundar su propio partido con maestros: Nueva Alianza. Ahora busca el registro para Redes Sociales Progresistas.

 

Encuentro Social nace con gentes cercanas al gobierno y pierde su registro en 2018, ahora lo busca para el 2020 como Encuentro Solidario.

 

El PRI nació del gobierno, en 1929. El PAN nace de una importante fracción del vasconcelismo, en 1939. El PRD nace del PRI y la unificación de una parte de las izquierdas, igual que Movimiento Ciudadano. De los partidos vigentes, del PRI han surgido el PRD, Verde, Nueva Alianza y Movimiento Ciudadano. Todos han tenido sus crisis.

 

Morena nace en 2014 de la voluntad de su líder principal, Andrés Manuel López Obrador, quien después de la elección presidencial del 2012 se da cuenta que con el PRD ya no podía llegar a más, por las eternas pugnas por el poder entre las corrientes y las tribus en que degeneró y también por las negociaciones desventajosas para el partido con presidentes y gobernadores, que lo fueron debilitando.

 

Y ahí está, creemos  la explicación de su actual crisis. ¿Cómo hace Morena para interpretar lo que el líder quiere, pero ahora desde el poder para hacer coincidir las líneas del gobierno con las del partido?

 

¿Cómo hacerle para institucionalizar sus procesos internos y que ya no dependan del humor de su máximo dirigente? No han podido.

 

El dilema de origen de Morena es que nació de la voluntad de un solo liderazgo, y en los cinco años que lleva de operar como partido ha dependido directamente del aspirante presidencial primero, del candidato después y ahora del presidente de la República.

 

De ahí la crisis y los problemas organizativos de ese partido. El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación le acaba de anular el proceso de renovación de dirigencia nacional. No puede renovar su dirigencia por desacuerdos internos. Eso nos hace recordar las frecuentes crisis del PRD en sus procesos internos, que alguna vez calificara el expriista Arturo Núñez como un "chuchinero" en alusión al grupo Los Chuchos, que por años se apoderó de ese partido.

 

¿Qué está pasando con Morena? ¿Que no eran una opción política diferente alejada de los vicios de los partidos tradicionales?

 

No ha sido así, porque tampoco Morena se formó con demócratas. Sus miembros: principalmente los tránsfugas del PRD, el PAN y el PRI, ex panistas (Germán Martínez vocero de Morena), ex priistas como Amador Rodríguez que no representan a una nueva clase política ni tampoco ideas frescas para los partidos y el sistema democrático. Con un voluntarismo exagerado, creen que con el hecho de solo haber llegado al poder ya cuentan con la suficiente capacidad para gobernar y atender los complejos problemas de México.

 

Todos los días anuncian buenas nuevas y denuncian herencias, pero sin resolver nada. Los problemas siguen y algunos como los de salud, gestión administrativa, economía y seguridad, más graves aún.

 

Todos ellos, han traído a Morena solo ambición de poder, seguir medrando a través del cambio de partido, de haber llegado al gobierno y aprovechar el sistema electoral (sobre todo el de representación proporcional) para beneficio de grupos y familias. O ¿a poco sí disminuyó el nepotismo en los cargos públicos ahora con el nuevo gobierno, o aminoró la tendencia de mezclar asuntos de gobierno —a través de dádivas y afiliaciones desbocadas— con los de partido? Claro que no.

 

La otra crisis de Morena deriva de que no se ha preocupado por elaborar una alternativa política e ideológica viable contra su espantajo y villano favorito: El neoliberalismo.

 

Solo critican y señalan su vigencia de "36 años" (sic), pero no dicen qué hacer para disponer de una alternativa viable ni en política ni en economía, o cómo demostrarle a la gente que la modernización experimentada en México a partir de las reformas económicas y políticas, que dieron lugar a los triunfos de las oposiciones, al TLC, el IFE, la CNDH, el IFAI, la ASF y el  TEPJF, entre otros, hayan sido lo negativas y degradantes que tanto alegan para exhibir sus limitaciones.

 

Por otra parte, sus debates se centran en temas de poco interés para la gente. ¿Partido o movimiento? ¿Partido de Estado o partido en el gobierno? ¿Liberal o socialdemócrata? ¿De izquierda o de centro? No dicen nada. Solo muestran una tendencia creciente a la lucha interna  por el poder del partido en lo local y en lo nacional ante la proximidad del proceso electoral del 2021.Seguramente no han construido una alternativa política diferente, porque para ellos resulta más cómodo (desde el poder y su zona de confort) culpar de todo al pasado y concentrarse en la lucha interna por el poder del partido. No ha habido más.

 

¿Cuánto les va a durar el evadir la realidad y no reconocerse responsables de lo que actualmente pasa en México? No mucho. El desencanto social con ellos ha crecido y cada día se hace más evidente.

 

En su primera elección federal en 2015, Morena obtuvo 918,706 votos. En 2016, en elección de gobernadores subió a 1.7 millones y en 2018 se llevó 30.1 millones. En esa mayoría lucen confiados. La realidad no ha tardado en despertarlos de su sueño, y lo peor es que, como en su momento lo hiciera la realidad en otros partidos como el PFCRN y el PRD, ellos están aportando todo para lograrlo. Más que representarse como una opción diferente, Morena está entre lo que hizo el extinto Rafael Aguilar Talamantes con el  PFCRN y lo que hacían los llamados Chuchos con el PRD.

 

bulmarop@gmail.com