Las sesiones de Cabildo en Cajeme

Vertiente junio 04 2019.

Las sesiones de Cabildo en Cajeme.- Crónicas para la historia (No. 83).- Abundan los reclamos, con muy escasas propuestas positivas.- ¿Comprenderán los ediles que son parte de un pueblo y tendrán que rendir cuentas a su historia, algún día?

Bernardo Elenes Habas

En Cajeme, se está volviendo costumbre que durante las sesiones de Cabildo, abunden los reclamos, con muy escasas propuestas positivas.
Los ciudadanos que se dan cita en esas asambleas municipales, ubican de memoria a los actores tradicionales –dos o tres-, y hasta adelantan, cuando éstos piden hablar, la esencia de los planteamientos que pondrán sobre la mesa del órgano colegiado.
No se equivocan.
Porque los regidores de palabra fácil, acomodan sus luchas y odios personales, a circunstancias que se inscriben en el orden del día, para retorcer con facilidad la esencia de lo que es expuesto a análisis y discusión, y transitando así el camino que los lleve a sus obsesiones políticas de grupo y de familia. Incluso, a su sed de poder. Porque se vuelve evidente que los mueve en forma deliberada, el hecho de estar vigentes en la relatoría mediática. Para bien o para mal. Pero estar.
A estas alturas, ocho meses, es de suponerse que los miembros de Cabildo han alcanzado cierta maduración y un buen grado de responsabilidad como actores públicos, de tal manera que pueden discernir y comprender que no están solamente obligados a aprobar y desaprobar propuestas, programas oficiales específicos, acuerdos de beneficio social. Sino también, a ser productivos. A demostrar no únicamente las fortalezas de su imaginación, sino también de sus capacidades para fincar las bases del bien común a favor de Cajeme y sus familias. A darse cuenta que es fundamental el conocimiento de aspectos importantes que la comunidad anhela para su desarrollo armónico, justo, necesario.
Es decir, no todo debe girar en torno a proyectos personales que conlleven a la construcción de puentes que les facilite la búsqueda personal, de grupo y hasta familiar, llegar a nuevos cargos electorales a partir del 2021.
De ninguna forma Cajeme merece esa visión egoísta de quienes así se comportan, pretendiendo convertir en circo de tres pistas las sesiones de Cabildo, y dejando clara su vocación de payasos de las bofetadas.
Se requiere y es bien vista, la discusión inteligente, comprometida y congruente a favor de la ciudadanía que representan. No la mediocridad de mantener prácticamente secuestrado un Cabildo que ya debería demostrar su ebullición, apuntando hacia una verdadera revolución interna, no para lograr venganzas y revanchismos políticos personales, sino para hacer crecer al Municipio. Abrir sus puertas y ventanas dejando que entre el aire libre de las propuestas sólidas a favor de la justicia social. Para que la riqueza de la región, su productividad, sus alternativas de desarrollo se distribuyan en forma equitativa (esto no significa quitarle sus fortunas a quienes las poseen, sino ampliar el horizonte de oportunidades para las actuales y las nuevas generaciones, quienes tienen derecho a trazar sus rutas de progreso, no sólo de supervivencia).
Falta permitir y sumar voluntades congruentes, para que el arte, la cultura, la historia, reencuentren sus raíces olvidadas, y se proyecte esa heredad común hacia todas las familias sin distingos, reconociendo que cuando cada joven, cada mujer, cada hombre, posee la dimensión íntima de evaluar con sensibilidad y talento su realidad, la participación que le corresponde en su entorno social, se muestra dispuesto y capaz, sin egoísmos, con responsabilidad histórica, a transformar su tiempo, su presente y su futuro para beneficio colectivo.
En el cuerpo colegiado de Cabildo, cada regidor tiene voz y voto. Cada edil representa a los cajemenses en general. Por ello están obligados a darle fuerza a su visión, forma y esencia de progreso, de desarrollo, conjugando ideas y exposiciones con sus representados. Yendo a su encuentro. Descubriendo lo que el alma viva de Cajeme reclama y quiere, no encerrados en sus oficinas, en sus negocios, en sus torres de marfil, construyendo escenarios hipotéticos de poder, siguiendo el juego perverso de sus ambiciones.
Sólo así se podrá dar el paso definitivo en pos de una transformación de forma y fondo, para enfrentar un futuro que ya nos alcanzó y nos rebasa día a día.
Pero mientras que las sesiones de Cabildo, en el Macondo que han convertido a Cajeme, comiencen las deliberaciones con el "yo" egoísta de tres regidores, cuando debería ser con el "nosotros" colectivo y plural del municipio y su gente, los avances serán muy difíciles, porque los ediles mediáticos son incapaces de comprender que no se pertenecen, a pesar de sus aferradas individualidades, sino que son parte de un pueblo, y a cuya historia tendrán que rendir cuentas algún día.