Homenaje a Alberto Flores Urbina

Vertiente mayo 18 2019.

Homenaje a Alberto Flores Urbina.- Crónicas para la historia (No. 80).- Una escuela primaria de su natal Cócorit, lleva su nombre.- Clarissa Flores Chong, Roberto Lagarda, Sergio Pablo Mariscal y Víctor Guerrero González, hicieron trazados emotivos de la vida y la obra del creador de los Colegios de Bachilleres

Bernardo Elenes Habas

Fue una ceremonia emotiva.
A la altura del sentimiento y de la pasión humana por la educación, las artes y el bien común, con la que se rindió homenaje al Maestro Alberto Flores Urbina, en Cócorit, su pueblo.
Escuché, vi y me emocionó el amor de hija de Clarissa Flores Chong, cuando desgranó como oración, una crónica nacida desde el alma, recordando a su padre bueno. El que, ciertamente, fue su primer maestro y le enseñó a amar la vida y a enfrentar los retos que la línea de los tiempos impone. Lloré junto con mi amiga.
Una flamante escuela primaria, ubicada en la colonia Eduardo Estrella de Cócorit, propiciada por el cariño a las raíces de pueblo de la familia Bours Muñoz, y por reconocimiento a la trayectoria llena de luz y entrega de Flores Urbina, lleva desde ayer su nombre. Aulas que en agosto próximo se llenarán con la algarabía y con la sed de conocimientos y sueños de trascender, de ciento de niños, para darle continuidad al círculo señero de las presentes y nuevas generaciones, por las que tanto luchó y se esforzó Alberto, el papá de Clarissa, de Alberto. El esposo amoroso de María Flora Chong.
Clarissa hizo referencia a los afanes de su padre para lograr que Cócorit se convirtiera en Pueblo Mágico, lo que ciertamente fue impedido por diferentes cuestiones y circunstancias. 
No obstante, yo sigo pensando que tan maravillosa comunidad, tiene, desde su fundación, la magia de sus raíces, de sus generaciones de pobladores, quienes no deben permitir que lo envuelva la frialdad política, comercial, mercantilista, y lo deje abrirse como una parcela solariega y revestida de las costumbres, las voces, las leyendas, los sueños de quienes caminaron sus calles, regaron con amor sus huertos, hicieron que el tiempo convirtiera a comunidad tan antigua, en puerta para revivir el pasado y trascender al futuro.
"Cócorit es tan chiquito, que cabe en el corazón", solía decir su papá, recordó Clarissa. Abriendo la veta de sus sentimientos para preguntarse qué fue lo que motivó a su padre para soñar y actuar en transformar su entorno en Cajeme y en Sonora. Quizás inspirado por las voces y las miradas llenas de horizonte de los niños que merecían la construcción de nuevos caminos, y por supuesto, su sensibilidad por la música, su pasión por la guitarra, su vocación eclesiástica inicial que, ciertamente, enseñan al ser humano que más allá de él están los demás, los que sufren, los que se esfuerzan por sobrevivir, los que tienen derecho a gozar en justicia, mínimamente, de lo que otros hacen derroche.
Valoré la exactitud y la profundidad de las palabras de Clarissa, y se me reveló el Maestro Flores Urbina, con su guitarra pegada al pecho, motivándonos a asistir a las temporadas de música de la Orquesta Sinfónica del Noroeste dirigida por Luis Ximénez Caballero, donde los estudiantes del ITSON de esa época aprendimos a ponerle las riendas al potro bronco del Valle del Yaqui, de la sierra, y amar la música, la poesía, el teatro, abriendo nuevos caminos para poder demostrar que Cajeme no sólo produce trigo, políticos y millonarios…
Por eso, la hija del Maestro Flores Urbina, se preguntó, vehemente:
"Yo siempre me he preguntado, qué fue exactamente lo que se confabuló en la vida de mi padre para haberse formado en la extraordinaria persona que fue: ¿acaso el no haber tenido las cosas fáciles, acaso el haber nacido en una familia humilde, amorosa, alegre, acaso su gusto por la música y esa melodiosa voz que heredó, acaso el haber pasado una década en el seminario y el haber tenido como figura paterna a un sacerdote, o tal vez, el haber nacido en un pintoresco pueblito como Cócorit o, a lo mejor, la respuesta está en la combinación de todas estas circunstancias?".
Amplia la semblanza de Roberto Lagarda Lagarda, sobre la pasión del homenajeado para construir la avenida central por la que sigue transitando el prodigio de la educación para todos, en Sonora. 
Creador del sistema Cobach, Conalep, Cesues, Cecytes, Universidad Kino, Centro Pedagógico del Estado de Sonora, ITESCA, UTSS, en una comprometida visión de futuro con la juventud estudiosa, pero que, a pesar de las complejidades políticas y sociales de ese cometido, todavía se daba tiempo para acariciar su guitarra, para arrancarle arpegios y acompañar su melodiosa voz, en horas de bohemia y de amigos, con los boleros que amaba, a los que les entregaba su espíritu de juglar, como si estuviera cantando en las noches de leyendas y naguales del Cócorit de sus amores.
El alcalde de Cajeme, Sergio Pablo Mariscal Alvarado, quien estuvo acompañado de su esposa, señora Margarita Vélez, hizo una apología de la amistad y del reconocimiento académico y transformador de Flores Urbina, con quien convivió y colaboró en trayectoria singular.
No menos trascendente el mensaje del secretario de Educación y Cultura del Gobierno del Estado, Víctor Guerrero González.
Notoria la capacidad de convocatoria de Alberto Flores Urbina, porque en la ceremonia de develación de la placa que se convirtió en fe de bautismo de la escuela primaria que lleva su nombre, se dieron cita gente del pueblo, académicos, amigos y familiares. Singular la presencia del diputado Rogelio Díaz Brown, quien recibió, a su paso, el saludo de los asistentes, quedando constancia de su positiva siembra personal y humana en su devenir social y político.
Ahí mismo, Beatriz Marina, Roxana y Jesús Rodolfo Bours Muñoz, el también legislador Amando Alcalá, regidores del Ayuntamiento, entre ellos Emeterio Ochoa Bazúa; el secretario de la Comuna Ascensión López Durán, el coordinador regional de la SEC, Abraham Montijo Cervantes, y varios funcionarios municipales.
Fue, sin duda, un día jubiloso para Cócorit, porque hizo justicia a uno de sus hijos predilectos.