¿Una revolución pacífica en México?

¿Una revolución pacífica en México?.- Construir una cuarta República no es tarea de un sólo hombre.- Francisco I. Madero forjó un gabinete y un gobierno híbrido que lo llevó a la muerte.- Lázaro Cárdenas no encontró continuidad a su proyecto de nación, su mismo partido destruyó esos sueños

Bernardo Elenes Habas

Cada día es más evidente que será muy difícil lograr la transformación del país, tal como románticamente lo vislumbra, desde sus tiempos de candidato y luego como presidente, Andrés Manuel López Obrador.

Andres-Manuel presidente

Existen intereses descomunales que han venido articulando una estrategia sistemática tendiente a vulnerar, primero, la imagen y credibilidad del Mandatario. Y, lo lamentable, es que están logrando ese cometido, porque no se percibe la unidad del gabinete presidencial, tampoco la fortaleza representada por el Congreso de la Unión; y en la estructura partidaria de Morena es notorio el autoritarismo con que se comportan los altos dirigentes, lo que propicia que en lugar de levantar una columna granítica ideológica-filosófica que apuntale el urgente contenido social que requiere el país y su desarrollo económico, construyendo los puentes necesarios de la credibilidad, se abren las expectativas de enfrentamientos entre tribus, como le sucedió en su tiempo al PRD, situación que lo llevó a su casi extinción.

No hay liderazgos, pues. No existen pensamientos y voces inteligentes que se sumen a la construcción de las bases sobre las que deberá sustentarse la nueva República, sólo los conceptos, a veces muy elementales del Presidente, lo que no garantiza para los mexicanos que piensan, analizan hechos y desmenuzan premisas para llegar a silogismos concretos, que con esos elementos discursivos y mediáticos se pueda lograr la edificación del México justo que todos

Cámara de Diputados

anhelamos, menos la conformación ideológica, cultural, dimensional del hombre nuevo.

La historia nos dice que al Presidente Francisco I. Madero, lo perdió el hecho de haber conformado un gabinete donde seguían prevaleciendo los porfiristas, desembocando en un gobierno híbrido, cuajado de intrigas y traiciones que, finalmente, trazaron su destino, asesinándolo.

El proyecto de Lázaro Cárdenas del Río, tuvo la virtud de cumplir con su trayecto constitucional, donde alcanzaron luz propia dos movimientos sociales: la Expropiación Petrolera y el reparto agrario de 1937, con el sueño de darle esencia social al campo que, finalmente, ambos objetivos se desintegraron en el horizonte de la realidad, porque su gran enemigo fue el mismo partido que lo llevó al poder, cuyos intereses, al paso de los años, demolieron los cimientos transformadores que había construido Tata Lázaro, principalmente el del ejido.

El actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador, no alcanza aún la definición social que lo conduzca a asegurar una transformación de fondo, sino a cambios donde se vuelve evidente la mezcla de intereses y valores de un supuesto pasado que no se ha ido, que permanece vivo.

Amlo yClaudia

No lo sé, de cierto, si será parte de una estrategia gradual la del nuevo Gobierno, encaminada a dar golpes de precisión al paso del tiempo, para romper la jaula del neoliberalismo en que se encuentra prisionero México desde hace casi 40 años, y marcar la ruta de la transformación democrática o social, pero es evidente que una tarea de esa envergadura no ha sido en el contexto de la historia de los pueblos, ni será nunca, de un sólo hombre, aunque se encuentre apoyado por mayorías populares, si esos conglomerados carecen de una formación ideológica social, capaz de hacerlos defender la esencia de objetivos concretos, más allá de paternalismos y de líneas subjetivas y mediáticas sin raíces, sin presente ni futuro, apoyados en una hueca democracia participativa.

Quizás sea tiempo ya, de que el Gobierno de la República (entendido éste como la conjugación de leyes, voluntades y visión común de futuro), y no el voluntarismo de un sólo hombre, ponga las cartas sobre el pecho de la Patria, para que México trascienda, en verdad, hacia una revolución pacífica.

Le saludo, lector.