Lázaro Cárdenas lloró con los Yaqui en 1937

Vertiente agosto 03 2021.


Lázaro Cárdenas lloró con los Yaqui en 1937.- Llegó a Territorio Sagrado no para ofrecer disculpas sino para entregar justicia.- AMLO, sin Vara de Mando con la tribu, como si la tuvo Tata Lázaro.- Hace un año López Obrador visitó Vícam.


Bernardo Elenes Habas


El 6 de agosto de 2020 pudo ser histórico para la Nación Yaqui y para el gobierno de la 4T.


Hace un año visitó Territorio Sagrado, Andrés Manuel López Obrador.


Pero lo más sobresaliente de la fugaz estancia del presidente de México en Vícam Pueblo, fue –él mismo lo destacó- ofrecer disculpas en ceremonia próxima, por el agravio cometido en contra de la etnia, desde el porfiriato, incluyendo las cuchilladas de sexenios subsecuentes.


Es decir, ni siquiera el Plan de Justicia del Pueblo Yaqui que ahí se puso en marcha, se convirtió en eje de la reunión, porque estaba revestido con el ropaje de las promesas. Y los yaquis, no creen en metáforas, sino en la realidad viva, relampagueante.


Estuve ahí para escribir la historia. Recordé, mirando el perfil del Bakatete, el sacrificio del Mazokoba. Los tropeles de partidas de Guerreros-Coyote y soldados federales, entre humo de pólvora y azoro, donde la bandera era la muerte, el exterminio…


Pero hace 84 años, un presidente valiente y patriota -Lázaro Cárdenas del Río, quien lloró en la komunila de Vícam por las atrocidades contra las familias-, llegó a las laderas del Bakatete, no para ofrecer disculpas, ni para destacar un plan, sino para ¡entregar justicia!


Por eso causó asombro entre los viejos yoremes, la brevísima visita de AMLO, cuando el sol de la sierra golpeaba y enrojecía el rostro de los yoris, quedando demostrado que el líder de la 4T no tiene autoridad moral para influir en la Nación Yaqui, porque no se ganó la Vara de Mando, como sí lo hizo con su actitud y entrega Tata Lázaro.


Es que la piedra de toque de la problemática yaqui no es nueva. La conoce de sobra el Gobierno de la Cuarta Transformación. Se trata del agua del Jiak Batwe, de los límites del territorio étnico, del respeto a su cultura y tradiciones, donde se alza una amenaza latente que en su momento esgrimió como arma la ahora exalcaldesa de Hermosillo, Célida López y sus millonarios asesores, los que se disponen a darle continuidad al acueducto de la ignominia con el Acuaférico Oriente, del que AMLO nada dijo, porque pensaba primero en enquistar la candidatura de Alfonso Durazo. Y por supuesto, sus funcionarios tampoco opinaron, incluyendo a Lázaro Cárdenas Batel, nieto del General y asesor de AMLO, debido a que nadie habla sin su autorización, so pena de poner su cuello en la guillotina de la 4T.


Esperaban, los viejos y los nuevos integrantes de las autoridades tradicionales y tropa, que el presidente anunciara que podría convertirse en realidad el sueño del Río de la Vida –PLHINO-, para que el agua excedente de Nayarit y Sinaloa no siga perdiéndose en el mar y le de progreso a Sonora, y por supuesto, a territorio étnico. 


Esperaban que anunciara un proyecto de gran calado, como el Tren Maya, Refinería Dos Bocas, Aeropuerto Santa Lucía, firmando el Pacto del Bakatete, perfilando un corredor turístico-histórico-mágico.


Pero los yoremes, hombres y mujeres que sueñan, piensan, sienten y quieren progresar, descubrieron que en la Cuarta Transformación, sólo influyen los caprichos, no la luz de la justicia equitativa, democrática, legítima.


Únicamente se firmó el Plan de Justicia, que al paso de los meses fue bautizado con sangre yaqui con el vil asesinato del Guerrero-Coyote Tomás Rojo Valencia, del líder Luis Urbano Domínguez, y varios desaparecidos…


Por eso, ahora creo más que nunca en la esencia profética del poema del periodista y poeta cajemense Bartolomé Delgado de León, Oye, señor General, al comprobar que no existen las condiciones objetivas, subjetivas, morales, revolucionarias, históricas, entre los modernos inquilinos de Palacio Nacional, para construir el México y el Hombre Nuevo.


Bartolomé, profetizaba:


Te hablo desde el surco que tú abriste,/ desde el viejo latifundio que expropiaste,/ desde el sueño que movió tu alma/ y colmó tus horizontes./ Y te digo, General,/ que todo es triste./ Te digo, de una vez, que la parcela/ se da al mejor postor, y que el abismo/ entre ricos y pobres es más hondo/ que el desventurado sudor de nuestro siglo.

Te hablo, para decirte/ que hambre, dolores e injusticias/ ya no pueden caber en unos versos./ Y luego…ya no estás./ Y tu lucero, lucero de inmensidad,/ tiene cordeles de plata/ que no me atrevo a tocar.

Oye, señor General/ tata y protector de indios: ¿cuándo otro, como tú, vendrá por nuestros caminos?


Sí. Maestro y Amigo Bartolomé, no se han dado los tiempos, ¡no se han dado! Los políticos siguen conquistando, dividiendo, navegando los ríos de sombras de las conveniencias en la hora amarga de la Patria…


Hace un año…


Le saludo, lector.








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