El ansiado y temido regreso a clases

No solo café

Azalea Lizárraga C.


El ansiado y temido regreso a clases

En el 2016, con 80 años a cuestas, una mente lúcida y analítica, un corazón rejuvenecido por amores juveniles que llegaron al invierno de su existencia, el escritor peruano y premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, reflexionando sobre su vida en el marco de la presentación de su libro Cinco Esquinas, que por cierto no he leído todavía,  aseveraba que "la vida es algo maravilloso que debemos tratar de vivir hasta el final y dejar que la muerte sea un accidente que te sorprenda cuando estás viviendo plenamente… No hay espectáculo más triste que el de esas personas que pierden las ilusiones y se sientan a esperar la muerte".

Cinco años después, con la amenaza del Covid todavía flotando en el ambiente, sus reflexiones cobran mayor sentido y relevancia, aunque, claro está, vivir a plenitud en estos días no significa ir por el mundo como lo hacíamos antes de la pandemia, sino hacerlo con los cuidados que la contingencia sanitaria nos ha impuesto.

Es obvio que el encierro obligado en el que estuvimos en la primera fase de la pandemia, con el cese de actividades económicas no esenciales, ha generado un desánimo generalizado en la población y un hartazgo sofocante entre los jóvenes adultos que sienten que la vida se les escurre entre las manos, por lo que esto de los semáforos epidemiológicos y la retahíla de avisos sobre el cuidado de la salud, no tienen sentido hasta que padecen en carne propia la enfermedad y/o el dolor de perder a seres queridos ante Covid.

La estrategia de vacunación entre los adultos mayores fue bien recibida y arroja números satisfactorios en cobertura, al menos en nuestro estado; pero no pasa lo mismo en estratos generacionales de menor edad, quienes cuestionan la efectividad de las vacunas y eligen no vacunarse, lo que retardará aun más la curva de inmunidad de rebaño que se espera entre la población vacunada y/o la que ya padeció la infección viral.

En este contexto, llama la atención la orden presidencial de regresar a las aulas en forma presencial a partir de este próximo ciclo escolar, sin que existan realmente las condiciones adecuadas para ello.

Es obvio que nuestro presidente desconoce el estado actual de los planteles escolares cuyas condiciones físicas, que son de competencia estatal y/o federal, están hoy en estado deplorable por decir lo menos; como tampoco conoce el clima de nuestro estado que, en el contexto de los espacios físicos existentes, genera condiciones inadecuadas para el regreso seguro a clases. 

Que el personal docente ya esté vacunado es solo un factor de la ecuación que debemos resolver para generar resultados positivos en el control de nuevos brotes epidemiológicos; los educandos y sus familias son otras incógnitas que debemos cuidar.

Quienes contamos con algo de juventud acumulada, recordamos las escuelas de amplios espacios y altos techos, con grandes ventanales que permanecían abiertos todo el día para que entrara el aire que, con la ayuda de abanicos de techo, abanicos de mano o cartones improvisados, refrescaban el ambiente de los salones de clase y nos permitían desarrollar nuestras actividades escolares.

La modernidad trajo consigo la construcción de estilos arquitectónicos con espacios casi cerrados al medio ambiente; o escuelas chaparritas, con salones semejantes a trenecitos alineados, con menos ventanas y de vidrios fijos, a excepción del espacio donde se colocan los coolers o las refrigeraciones, en el mejor de los casos; o, si son escuelas para fifís, la existencia de mini-splits; claro, dependiendo qué tan activas son las mesas directivas para allegarse de fondos y procurar mejores ambientes para los estudiantes, porque el gobierno solo contribuye, sin que pueda afirmarlo, al pago del consumo de energía eléctrica. Así que olvidemos en Sonora eso de regresar a espacios bien ventilados o al aire libre. 

Ni qué decir de las condiciones de contar con agua suficiente; si no existe suministro adecuado ya no digamos para el aseo de manos y las necesidades fisiológicas, con la clausura de los bebederos públicos, tampoco habrá para beber. ¿Cubrebocas para todos? Olvídelo. Así que haga cuentas en el incremento de contagios.

La reactivación en las instituciones de educación media superior y superior es igualmente preocupante y presenta condiciones similares. Aunque se supone es un universo en el que coexisten adultos en su mayoría, ello no implica sensatez y seguimiento de los cuidados requeridos. 

Aceptamos que las clases en línea no pueden prolongarse por más tiempo y es mandatorio el regreso paulatino a actividades presenciales para el desarrollo de ciertas habilidades cognitivas y hasta psicológicas, pero hay demasiados asegunes en juego.

Hicimos un viaje relámpago a Huatabampo, con parada obligatoria en Guaymas.  Quedé sorprendida con la cantidad de gente en espacios públicos sin cubrebocas y sin cuidado alguno de precauciones sanitarias. No extraña sea hoy una ciudad con serios problemas en todos aspectos.

Bien dijo Vargas Llosa que debemos vivir a plenitud, pero en estos tiempos, ello implica cuidarnos y seguir protocolos para que la muerte llegue sin lágrimas de culpa de por medio. ¿Coincidimos? Espero que sí.

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@Lourdesazalea