El héroe de la Plaza Tutuli

El héroe de la Plaza Tutuli.- Crónicas para la historia (No. 155).- Francisco Javier Armenta Cota, de 23 años de edad, salvó a once personas del incendio del VH, hace 23 años.- Falta un museo, con un memorial capaz de no permitir que la historia se diluya en el tiempo…

Bernardo Elenes Habas

Hace dos días –martes 11 de agosto-, se cumplieron 23 años de un acto heroico protagonizado por un cajemense, al salvar a once personas durante el fatídico incendio del centro comercial VH, inmerso en la estructura de Plaza Tutuli de Ciudad Obregón.

Héroe de la Tutuli

Francisco Javier Armenta Cota, de 23 años de edad, es el nombre del joven abogado por la Universidad de Sonora, quien habiendo ya salido del establecimiento comercial, decidió penetrar nuevamente, para buscar a su hermana Martha, a quien sacó y repitió sus acciones hasta lograr poner a salvo a once personas más.

A los diez días, como consecuencia de graves quemaduras y haber inhalado humo letal, falleció el joven Héroe de Cajeme.


Sin duda, fue un acto de amor el demostrado por Francisco Javier, porque pudo haber salvado su vida y la de su hermana, pero decidió regresar al interior, enfrentar las llamas antes de que llegaran los bomberos, con el objetivo fijo de darles seguridad a las personas que sus fuerzas le permitieran, como lo hizo.

Los hechos del incendio de Plaza Tutuli, se suscitaron a escasos días que concluyera la administración de Raúl Ayala Candelas (1994-1997).

Fue hasta el periodo de Manolo Barro Borgaro (2009-2012), cuando, durante reunión de Cabildo de 10 de septiembre de 2012, se tomó el acuerdo 511 del Acta 77, para que fuese incluida la fecha del acto de heroísmo de Francisco Javier Armenta en el Calendario Cívico del Ayuntamiento de Cajeme, y que la calle del Parque Lineal de la Laguna del Náinari llevara el nombre del joven héroe.

Sin duda, se trata de un hecho ejemplar que debería convertirse en parte consistente de la memoria histórica de Cajeme, porque reúne cualidades inéditas que merecen ser resaltadas en los contenidos cívicos y de educación básica, para que se sepa por siempre que en Cajeme hubo un muchacho, un héroe que surgió de las llamas, para salvar vidas sin importarle la propia, cuya acción eleva el referente del amor al prójimo, valor sumamente desgastado en estos tiempos.

La Dirección de Acción Cívica Municipal, a cargo del profesor Fernando González Meza, tendrá que revalorar el Calendario de la dependencia a su cargo, y encontrar las formas de resaltar fechas de hechos tan importantes para que no queden envueltas en la niebla del olvido y sí sean grabadas en la conciencia de las actuales y nuevas generaciones, no sólo con la imposición de una placa, sino como actos imborrables de amor al prójimo, de amor a la humanidad.


Ciertamente existe un proyecto de Adalberto Anduaga, periodista y funcionario de Acción Cívica, quien madura una propuesta para que el Ayuntamiento contemple la alternativa de crear en la ciudad una Rotonda de Cajemenses Ilustres.

Comenté, hace tiempo, que si no fuese exclusivamente una Rotonda, bien podría pensarse en un museo que rescate la historia prodigiosa de Cajeme, con fotografías, utensilios de labranza y domésticos, donde las nuevas generaciones encontrarían fotos, nombres de mujeres y hombres que aportaron esfuerzo, talento, capacidades para darle rumbo y luz al municipio.

Por supuesto que tiene profundidad este anhelo, ya que la Administración municipal que se decida a forjar y entregar tan valioso legado a la comunidad, estará rescatando las manos anónimas que trazaron calles, edificaron escuelas, iglesias, estadios, le dieron ritmo y música con sus instrumentos a las familias, hicieron literatura, periodismo, fotografía, pintura, labraron la tierra, se distinguieron como locutores, mecánicos, guardianes del orden, bomberos, entre

Incendio en Plaza Tutuli

muchos oficios y artesanías que dignifican la capacidad creativa y responsable de la gente del pueblo.

Actualmente no hay un referente que defienda y rescate ese trazo de memoria olvidada.

No existe un monumento colectivo de brazos y manos emergiendo desde la tierra misma de la ciudad y del Valle, que simbolice en el bronce, a aquellos que construyeron esta comunidad asombrosa que ha crecido con alas propias.


Lo dije hace tiempo. Si en Cajeme no hubieran existido soñadores como Manuel J. Zavala, Jesús Corral Ruiz, Miguel Mexía Alvarado, Bartolomé Delgado de León, Claudio Dabdob Sicre, Oscar Sánchez Márquez, Rogelio Arenas Castro, Ramón Iñiguez Franco, no estarían vivas, realizadas, las obras que fortalecen el alma de la ciudad, del Municipio.