Mañana, será un día para la historia

Vertiente agosto 05 2020.


Mañana, será un día para la historia.- Crónicas para la historia (No.151).- Bien o mal, serán recibidas las decisiones de AMLO en su encuentro con la Nación Yaqui, contrastadas con la realidad actual y la congruencia…


Bernardo Elenes Habas


Lázaro Cárdenas, en 1939, le dedicó largas horas a la Nación Yaqui. Recorrió uno a uno los Ocho Pueblos, y al final programó una asamblea con los cobanahuas (gobernadores) para escuchar, primero, y luego dar soluciones históricas a la grave problemática social y legal de la etnia.

lloró, Tata Lázaro, bajo el viejo mezquite de la comunila de Pueblo Vícam, cuando escuchó los relatos que brotaban desde el alma y la voz de sierra de los integrantes de la tribu. Las narraciones descarnadas de injusticias, torturas, persecuciones, destierros, asesinatos masivos que se cometían con las familias.

Y después de tener de viva voz los testimonios, que ciertamente ya había leído en los partes militares de Francisco Troncoso, sobre la Guerra del Yaqui; en los libros de John Kenneth Turner, México Bárbaro, entre otros pasajes que recogen el oprobio contra los yaquis y su lucha sin tregua por su territorio, su libertad, sus tradiciones, el General tomó decisiones que transformaron y buscaron corregir los renglones torcidos de la historia de México, propiciados por sus gobiernos desde Porfirio Díaz.

Pero Tata Lázaro, en la dimensión de hombre de su tiempo, no buscó ofrecerle estériles disculpas a la tribu por un pasado sangriento. No señaló a los tiempos idos como causantes y responsables de tantos males. No se refugió en las etapas de la historia para endilgar esas atrocidades al comportamiento de liberales y conservadores. Simplemente actuó.

Actuó como el estadista que era. Como el hombre por cuyas venas corría, impetuosa, sangre justiciera de pueblo.

Actuó, y la historia recoge sus decretos para hacer justicia a la Nación Yaqui: Agua, linderos, dignificación humana, para quienes lo habían sufrido todo ¡todo!, por defender su identidad, su alma tribal el Jiak Batwe, la Sierra del Bacatete.

Tata Lázaro así se los hizo saber el 26 de septiembre de 1937: "El Gobierno que presido desea que impere la justicia en todas partes y se empeña particularmente en que toda la población indígena del Territorio Nacional, entre en posesión definitiva de las tierras a que tienen derecho, y se les den las garantías necesarias, que disfruten de paz y que puedan con su propio esfuerzo y con la ayuda del Gobierno, mejorar sus condiciones culturales y económicas para bien de toda la familia mexicana".

Mañana, estará regalándoles algunos minutos a la tribu en su territorio sagrado, el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Los tiempos son diferentes, pero los problemas emergen de la misma raíz, arrojando frutos amargos que no se han erradicado: el despojo del agua, la falta de respeto al territorio yoreme.

Por eso, con tales referentes, las decisiones que tome el 6 de agosto de 2020, el presidente de México Andrés Manuel López Obrador, surgido de un partido supuestamente diferente –Morena-, no pasarán desapercibidas para la historia que está por escribirse.

Porque, sin duda, serán contrastadas con los tiempos, la realidad, la congruencia…

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