Poema de domingo

Vertiente agosto 02 2020.

Poema de domingo.- Tradicionalmente, en Cajeme, además de las fértiles tierras de cultivo del Valle del Yaqui que prodigan el grano nutricio, existían dos fecundas parcelas que producían las espigas colectivas de la literatura: eran las páginas culturales, primero de Diario del Yaqui desde 1942; luego, con su nacimiento en 1965, de Tribuna del Yaqui.

En esos surcos generosos de tinta y papel, brotaba el milagro del poema, de la narrativa cada domingo.
Inicialmente en el Domingo Literario, Taller de Literatura, Quehacer Literario, del Diario. Luego, en La Cultura en el Noroeste, de Tribuna.
En la confección y dinámica de esas publicaciones alumbradas por el genio creativo de cajemenses, estuvieron las manos, la inteligencia y el amor por las letras, de Bartolomé Delgado de León. Periodista, poeta, autor dimensional del Canto al Valle del Yaqui.
Junto con esa labranza, fue notable la maduración regional de poetas y escritores en una siembra de juglaría que alentaba a la formación y superación íntima en cada diletante. Pero también, se convertía en lluvia y reparto creativo entre los lectores, quienes encontraban en tan nobles espacios, alas para alcanzar sueños, demostrándose a sí mismos, que no sólo de pan vive el hombre.
Jesús Corral Ruiz, Bartolomé Delgado de León, Juan Eulogio Guerra Aguiluz, Miguel Sáinz López-Negrete, Carlos Moncada, fueron algunos de los artífices en la construcción de esos puentes primigenios para aprender y enseñar a contar estrellas…
Con esta reflexión, añoro tiempos idos y deploro el desierto que existe en la prensa escrita desde hace años, sin que se propicie el aliento para las actuales y nuevas generaciones de escritores.
Desafortunadamente, se permitió que fuese calcinada en sus páginas por los soles de agosto, la semilla creativa, generando vacíos que en tiempos idos fueron faro de luz que iluminaban la ruta de navegación de juglares y narradores, quienes hoy, tal vez, sólo dispongan como espacio para escribir y publicar, el pizarrón de la tarde…
Le entrego, como cada semana, desde esta parcela de bandera solitaria, mi poema de domingo.

CANCION DE LA ESPIGA ARMADA

Estos cantos trigales, los escribí en el valle con una espiga roja.
Era la misma espiga con férrea forma de arco, con silueta de flecha, aguda como lanza que sirvió en los combates librados contra el yori quien desde sus caballos soltó de sus alforjas la palabra conquista, que se pudrió en la tierra.
Era, la misma espiga en cruz abriendo los caminos para Tomás Basilio y Andrés Pérez de Ribas, y en un acto de fe, sin espadas, sin yelmos, traspusieran umbrales de la Patria Yoreme.
Era la misma espiga que esgrimió Juan Banderas, José María Cajeme, después Juan Tetabiate y al final Sibalaume, en la noche del tiempo cuando el tambor de guerra sonó en el Bacatete y nuestra sangre yaqui se volvió un puño oscuro y golpeó tierra y viento como grito de muerte.
Era la misma espiga que cargaban consigo, en su morral de sueños, los hombres que bajaron del pecho de Sonora, junto a hombres que traían en sus pesadas botas tierra y cantos extraños, y limpiaron el valle con su fe inquebrantable, con sus manos ardiendo por el sol del verano, con sus brazos heridos por la daga incesante del viento del invierno.
Así nació este Valle que es hijo del esfuerzo: rebelde, tierno, niño, con las manos abiertas en la mitad de América, poniendo un beso de oro sobre todas las mesas, y sus cantos trigales derribando alambradas al encuentro del hombre que sabe abrir fronteras.
Pido, pues, compañeros, sólo una Espiga Yaqui, para dar testimonio de mis cantos trigales.
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