Pancho Muñoz y el  Huatabampo que se va

Pancho Muñoz y el  Huatabampo que se va

Bulmaro Pacheco

 

Domingo9 12 de julio de 2020

 

Murió "Pancho" Muñoz Rochín en Huatabampo, a los 78 años, y con él se va lentamente tradiciones de las antiguas familias que se asentaron en el pueblo en sus inicios. Se están yendo las viejas casas que les dieran alojamiento desde que el gobierno federal decretara en 1893 la lotificación de 40 Ha con lotes de 20 x 50 m a 100 pesos cada uno, para que las gentes construyeran sus viviendas y pudieran trabajar, primero los reubicados de los márgenes del Río Mayo —lejos de las inundaciones— como aquellos que llegaron de otros municipios del Sur (Álamos, Quiriego) del norte de Sinaloa y Baja California Sur y del extranjero.

 

Don Trinidad B. Muñoz (de Bacabachi), abuelo de  "Pancho", fue de los primeros avecindados y construyó su soleada casa sobre un amplio terreno de mil metros cuadrados, que hace esquina en Guerrero y 5 de Mayo, con una larga barda que resguarda la propiedad que aloja lo mismo una diversidad de plantas y aves de corral que restos de muebles y maquinaria agrícola. La barda de muy buen adobe, luce empinada por las lluvias y el peso del tiempo, pero no se cae.

 

La casa de don "Trini", por años fue punto de concentración de quienes iban muy temprano por leche recién ordeñada, que distribuían sus hijas, bajo una gran cocina externa con techo de tierra que protegía las 4 hornillas y el horno donde a distancia, podía uno oler el café humeante de talega y los guisos mañaneros de carne frita, bistecs con papas o frijoles y tortillas con huevos de casa, acompañados con pan recién horneado. Don "Trini" murió a los 77 años en marzo de 1942.

Casado con Alejandra Padilla, de Promontorios, procreó a una longeva familia: María, que murió a los 107 años en 1988;José  (chely) a los 90 en 1974, Elodia a los 92 en 1988; Trinidad a los 94 en 1990 (Trini se casó con Elías Káram Káram, quien para llegar a Huatabampo hizo la ruta Jezdin Líbano-Veracruz-Chihuahua-Campanichaca y procrearon a Alfredo, Alicia, Lily, Roberto y Trinidad); don Chayo, el padre de "Pancho" —que de no ser por el accidente sufrido años antes en su eterna mula—, hubiera durado más, pero murió a los 89, en marzo de 1989.

 

La casa original y el terreno se conservan y son cuidados celosamente por los familiares. No ha sucedido así con otras viejas casas del Huatabampo antiguo que terminaron por sucumbir, unas ante la modernidad o porque fueron vendidas, otras más como herencias familiares —algunas mal manejadas— o por necesidades de las familias propietarias ante las ofertas tentadoras de empresas que acabaron por instalarse en el pueblo.

 

La casa del general José Tiburcio Otero Toledo, uno de los fundadores de Huatabampo, exgobernador de Sonora y alto jefe militar en el sur de Sonora, estaba situada en el lugar donde años después se construyó el Templo de Cristo Rey. Fue derribada la casa para construir la iglesia, terminada en 1955 con aportaciones de las familias del pueblo.

 

La casa de Manuel y José Tiburcio Otero Esquer, éste último presidente municipal de 1909 a 1911 a quien le tocó la caída de Porfirio Díaz, estaba donde después funcionó el sanatorio del doctor Teodoro Sigüenza, que emigró a Baja California. Parte de la construcción se destinó a locales comerciales y el resto a la casa de Héctor Urrea.

 

La casa de Pedro Zurbarán, el primer presidente municipal de Huatabampo, estuvo situada en la esquina de Constitución y Sufragio Efectivo, donde después se estableció el primer salón de belleza del pueblo, propiedad de Beatriz Encinas Parra. Al paso del tiempo y como propiedad de la heredera Teresa Sainz, la casa fue demolida y se construyó en esos terrenos la casa de Eduardo Rosas.

 

La casa de la familia Topete Almada (Fausto, Ricardo, Aurora) se encontraba en los terrenos donde fue construida la primaria Micaela Amarillas de Bórquez. Célebre fue la casa de Luz Otero Pablos, ubicada en la esquina de 16 de Septiembre y Madero, por haber resguardado —en calidad de asilado protegido— ahí durante varios días al general Ricardo Topete  cuando fue aprehendido por los maytorenistas-villistas, en 1915. Doña Luz —que en ese tiempo tenía 15 años—, hizo las gestiones y lo rescató del paredón. La casa fue demolida y hoy es un baldío con palmeras.

 

La residencia siglo XIX del español Ramón Uribe Carpena ubicada por la Allende, que en su momento alojó al presidente Lázaro cárdenas en sus visitas a Huatabampo, fue derruida y el terreno vendido para instalar ahí una tienda de conveniencia (Oxxo) y una terminal de autobuses.

 

La residencia del ex gobernador Anselmo Macías está intacta y se renta  para guardería particular. La casa del General Obregón después de haber sido destruida, fue levantada en los ochentas con el plano original por los gobiernos de Samuel Ocaña y Rodolfo Félix Valdés.

 

La casa de Ignacio Velderráin —célebre por haber ganado el primer proceso abierto para la presidencia municipal (1946-1949)—, sirvió para alojar a los acompañantes del presidente Cárdenas. Fue demolida para dar lugar a locales comerciales y casas de cambio.

 

Lo que fue el famoso Hotel del Mayo,—que junto al Casino y la asociación de legumbreros— fue de las obras más celebradas del arquitecto Mauro Sánchez —hotel famoso por haber alojado a presidentes como Adolfo Ruiz Cortines y algunos gobernadores de Sonora—, fue vendido posteriormente al abogado Pascual López Quijada, que respetó la arquitectura original. Al morir María de Jesús, su esposa, la propiedad pasó a familiares que la vendieron. Hoy se observa ahí una horrenda construcción de una cadena de farmacias.

 

La familia del general Francisco Serrano se instaló primero por la avenida Juárez, a un lado de la casa de Ignacio Ruiz Rábago. Durante años ambas casas se distinguían por sus vitrales y por la amplitud de sus entradas y zaguanes para la entrada de vehículos y por las reuniones políticas —Obregón incluido— que se celebraban ahí.

 

La casa de Nacho Ruiz Rábago, al morir Dolores su viuda, fue demolida para dar lugar a una cafetería. La casa de los Serrano ya no existe y el terreno se utiliza como estacionamiento.

 

El resto de las casas de la familia Serrano ubicadas en la calle Allende casi esquina con Galeana —y frente a las familias Obregón, Serrano (Lamberto Obregón y Amelia Serrano) y los Nieblas que desde 1904 fueron vecinos—, se derrumbaron para almacenes y después para la distribuidora Aurrerá.

 

Cerca de ahí, en la esquina se encuentra también el almacén —se mantiene intacto— que siendo presidente de la República mandó construir el general Obregón, en sociedad con Nacho Ruiz Rábago. La obra se distingue porque en el piso se anotó al año de su construcción: 1923.

 

La amplia propiedad de Manuel Goycochea (fallecido en 1919 a los 75 años) regidor del ayuntamiento desapareció para dar lugar a un edificio bancario y a una notaría pública.

 

De los viejos cines Royal, de la familia Velderráin casi nada queda. Del cine al aire libre a un lado de la iglesia, solo queda la pantalla que se ubica en la casa que fue de Doña Josefina Jordán Palma.

 

El Cine Mayo, de la familia Salazar, fue derruido. El viejo Cine Lux dejó de operar  hace 30 años y el edificio ya sin techo se desmorona lentamente.

 

Las casas de Rodolfo Rosas y Horacio (Lacho) Toledo, símbolos de la modernidad de Huatabampo de los años sesenta, se vendieron y ahora se han adaptado para negocios particulares. La de Rodolfo Ruiz Gómez fue vendida como terreno y ahora funciona ahí una tienda Ley. La casa hospital que por muchos años operara el prestigiado médico Víctor Manuel Romo Ruiz, fue demolida y ahora luce como baldío. La casa —una de las más antiguas— que alojó a Pedro Infante, Luis Aguilar y otros artistas, propiedad también de Romo Ruiz a un lado del Casino Social, fue demolida.

Las famosas casas de huéspedes San Luis y La Regional —que por muchos años hospedaron agentes viajeros— cedieron su lugar también a otras construcciones. Se sostiene como puede el edificio de la Sociedad Mutualista Hidalgo cuya primera directiva fue electa en 1930.

 

Pancho Muñoz, nacido en 1942, trascendió al siglo y junto a sus abuelos, sus tías y sus padres fueron testigos de los cambios en los 130 años  que lleva Huatabampo con sus ciclos de ascensos y caídas. Quizá por eso su sonrisa siempre melancólica, reflexiva y resignada. Organizado, disciplinado y admirador de la historia a través de los testimonios arquitectónicos, sus paisajes y sus  personajes representativos, todo eso fue siempre —hasta sus últimos días— parte de  sus reflexiones y nostalgias. DEP.

 

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