Al tercio para las doce

Al tercio para las doce

Por David Parra

 

Jueves 4 de junio de 2020

 

Aprender, en el sentido más elocuente y sintetizado que pudiera citar para estos efectos, "implica un permanente proceso de aproximaciones sucesivas a lo largo de nuestras vidas" mediante el cual reconstruimos el conocimiento humano en la medida de nuestras posibilidades de acceso a este compendio universal.

 

La educación formal lo sistematiza y dosifica mediante los planes y programas que diseñan los países con el respaldo de un trabajo realizado por expertos pedagogos, entre los diferentes especialistas de cada una de las disciplinas que contempla la currícula oficial, encargados de darle secuencia y coherencia a los contenidos que se impartirán con el visto bueno y la intervención de la burocracia política que finalmente tiene la última palabra para su autorización.

 

Hago esta breve referencia piagetana para, ya enfocado en México, primeramente elogiar el enorme esfuerzo que hace la SEP para brindar una alternativa en línea que, por su improvisación, dista mucho de constituirse hoy por hoy como una plataforma suficientemente desarrollada para sustituir el modelo presencial que caracteriza a la educación básica oficial de nuestro país.

 

Sin pretender restarle mérito a la ejemplar respuesta que la autoridad educativa hiciera posible de manera extraordinariamente  rápida ante la emergencia sanitaria, aunque también inevitablemente insuficiente y excluyente,  ante la imposibilidad de que  los alumnos y maestros siguieran concurriendo a nuestras escuelas para agotar  el curso 2019-2020, me parece que asumir que bajo las condiciones actuales sea posible acreditar por decreto la última etapa del ciclo escolar bajo estas condiciones, aproximadamente un 30% de la ruta crítica a seguir, en mi muy particular percepción, implicaría una latente posibilidad de provocar un dislocamiento masivo en los alumnos de este nivel en competencias fundamentales de conocimientos básicos secuenciales que necesariamente se vería reflejado en la adquisición de conocimientos posteriores más complejos y abstractos.

 

Desde que se instrumentó este complejo andamiaje para impartir clases de manera no presencial asumí que lo que la autoridad educativa tendría que decidir, sería cancelar el ciclo escolar en el momento oportuno y convertir esto en una estrategia emergente orientada a brindarle a los alumnos, por una parte, un acompañamiento más ocupacional que de educación formal, paralelamente a entenderlo como un plan piloto emergente durante los meses del confinamiento para poder capitalizar la experiencia y poder así tomar otro tipo de decisiones futuras, al menos de corto plazo para esta alternativa educativa, con adecuaciones más pertinentes, elaboradas y mejor soportadas para este tipo de educación que simple y llanamente no existía en México, salvo por el caso de telesecundarias que, sin intención de demérito alguno, tiene ya de por si sus asegunes.

 

Me parece que la urgencia gubernamental, en lugar de buscar palomitas pretendiendo verse bien ante su propio espejo, debería orientarse a convertir esto en una oportunidad para generar un nuevo esquema alternativo educativo funcional, universal y pertinente, contemplando que muy probablemente un escenario muy poco propicio para la educación presencial impida la vuelta a la normalidad en las escuelas de México ante las poco prometedoras circunstancias epidemiológicas y macroeconómicas presentes y futuras.

 

Las noticias científicas apuntan a que la vacuna del COVID 19 estará lista para finales de este año o principios del próximo, mientras el debate de la comunidad mundial sugiere que dicha vacuna sea una especie de patrimonio de la humanidad y se ponga al alcance de cada habitante de este planeta, sin que esto implique que medie el gran negocio que en estos momentos se disputan contra reloj naciones y laboratorios ante el enorme potencial económico que esto representa.

 

Si así ocurriera, para lo cual no hay garantía, el ciclo 2020-2021 tendría que posponerse hasta que exista la seguridad entre la población escolar de concurrir con cero riesgos, por lo que, ante esa incertidumbre, estaría en puerta una nueva decisión no presencial para la cual el sistema educativo nacional tendría que estar listo, lo cual luce muy complicado por el alto grado de inversión que implicaría adecuar los contenidos para este tipo de educación, universalizar el acceso y erradicar la exclusión.

 

Mientras tanto, los países deben tomar decisiones sobrias, coherentes y sensatas para estar a la altura de las circunstancias que la nueva realidad plantea con una población mundial en pos de la inmunidad de rebaño, difícil de medir, por cierto, o la inmunidad inducida que, para su cobertura universal, tardaría meses si no es que años.

 

No sostengo que la decisión de dar por satisfactoriamente concluido el ciclo escolar de manera universal faltando por abordar alrededor de un tercio de los contenidos bajo lo que en estos momentos es posible hacer, sea errónea, pero hasta ahora esto no se ha sustentado debida y transparentemente por parte de la autoridad en los términos pedagógicos y estadísticos que así lo justifiquen, por lo que lo que se percibe que media en esta decisión, es algo abstracto y por tanto difícil de entender cuando el argumento es una orden ante la urgente necesidad de acreditarse un gol en medio del fracaso consuetudinario, sostenido y alarmantemente agravado por la pandemia.

 

@dparra001