Tortura y pena de muerte. Posturas encontradas

Tortura y pena de muerte. Posturas encontradas

El eterno debate criminológico, jurisdiccional y penitenciario

 

Héctor Rodríguez Espinoza

 

I. La tortura es infligir dolor físico o psicológico por una autoridad pública, o de alguien amparado por ella, con el fin de obtener información o conseguir "pruebas" para esclarecer un delito.? Algunos autores proponen distinguir entre la judicial —durante el proceso penal para determinar la culpabilidad del acusado, hasta que fue abolida en Europa y en América a principios del siglo XIX— y la extrajudicial —la ejerce la autoridad gubernativa fuera del ámbito judicial propiamente dicho, especialmente cuando se trata de "delitos políticos".

 

Las diferentes formas han sido aplicadas como pena corporal a los culpables de ciertos delitos. Los hebreos colgaban de un poste o de una cruz a los calumniadores y a los idólatras, y lapidaban a los blasfemos. La ley de Moisés señalaba la pena del fuego contra aquel que se hubiese casado con la madre y con la hija y condenaba a las mujeres al mismo género de muerte. Los palazos o la verberación era un castigo cruel bajo cuyos golpes morían los criminales. Los persas infligían diversas clases de suplicio como pena.

 

En la Antigua Roma se condenaba a la crucifixión a los esclavos y a las personas de estratos y condiciones menos favorables. Antes de clavarlos solían darles azotes con correas, sarmientos u otros instrumentos. Plutarco dice que los condenados a muerte en la cruz estaban obligados a llevarla por sí mismos al patíbulo. Comúnmente, los aseguraban en la cruz por medio de clavos, si bien otras los ataban con cuerdas. Era tan común entre los antiguos que los latinos nombraron crux y a sus derivadas cruciatus y cruciare, que se refiere a toda suerte de penas y tormentos.

 

La costumbre de cortar la cabeza con la hoz es muy antigua. Los romanos la usaron desde los primeros tiempos de la fundación de su ciudad, por eso los lictores llevaban entre las haces una seguro para este objeto. En Atenas y Roma se castigaba a los traidores de la patria precipitándoles a un foso profundo o desde la roca Tarpeya. Mecio Fufecio, rey de Alba Longa, fue descuartizado por orden de Tulio Hostilio por haber violado la alianza con los romanos.

 

II. La Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes la define mucho más amplia:

 

" (...) se entenderá por el término "tortura" todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigarla por un acto que haya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento o aquiescencia (…) "

 

Según el art. 133 constitucional, la Constitución, las leyes del congreso que emanen de ella y los tratados suscritos por el ejecutivo federal, aprobados por el senado y que estén de acuerdo con aquella, serán la ley suprema de la unión.

 

III. El debate no es nuevo. Suelo compartirlo con  mis discípulos universitarios, y despierta interés y actualidad. Cedo la pluma a tres calificados opinantes, dos infortunadamente desaparecidos, del abultado baúl de mis investigaciones académicas.

 

IV. RAFAEL ISAAC ACUÑA VELARDE (1968-2011)

 

- Abogado de la Universidad de Sonora, ex condiscípulo en la Maestría en Derecho Internacional Privado, ex Juez Penal del Estado y litigante, ejecutado impunemente en el interior de su vehículo al salir de despacho, con todo respeto a su memoria comparto una de sus colaboraciones para El Imparcial:

 

"El fenómeno de la tortura tiene su origen en la necesidad política de investigar los delitos -sobre todo los que causan alarma social- y en la falta y poca calidad de recursos humanos y materiales para ella: ... no puede combatirse mediante la represión de quienes la practican, ya que ... la responsabilidad de los delincuentes, en ... esos delitos, homicidios y demás, difícilmente llegaría a probarse, por la natural pretensión del delincuente, de quedar sin castigo. La única forma de erradicarla,... es quitarle la decisión de si se tortura o no, a las autoridades policiacas. Bastaría con que, previas las reformas necesarias..., la confesión... tuviera valor sólo si el Juez... estuviera presente, y certificara... que no se aprecian rastros de presión de ningún tipo, y que... se encargó de explicarle al detenido, hasta que entendió cabalmente, todos y cada uno de sus derechos...

 

Como es una realidad que la tortura puede ser un método ordinario de investigación criminal en los delitos graves, también lo es que las autoridades policiacas tienen la responsabilidad social y política de encontrar y castigar a los delincuentes; mientras que desde esos mismos puntos de vista, ... el Juez no tiene esa responsabilidad; ... nadie culpa a los jueces cuando no se logra probar la culpabilidad ... Por esto los jueces no sienten ni tienen la necesidad apremiante de encontrar culpables.

 

Basta comparar... la averiguación y el proceso, para darse cuenta que el Juez... no tiene necesidad de presionar al detenido. La "escuela"… de los jueces, es… diferente, y ni siquiera tienen contacto con los detenidos. Todo se practica a través de rejas, y basta que el detenido se niegue a declarar, para que se cierre la diligencia...

 

... de tomarse una medida como la propuesta, o equivalente, el costo social sería enorme, porque al no poderse coaccionar a los delincuentes en los delitos graves, la investigación se vería entorpecida enormemente.

 

... de cada cien procesos por delitos graves, si se retira la confesión, casi la totalidad quedarían listos para absolverse, porque éstos se basan principalmente en ella."

 

V. RAFAEL RUIZ HARREL (+2007)

 

Uno de los criminólogos más reconocidos de México. Licenciado en derecho y doctor en Filosofía de la ciencia. Profesor en la UNAM durante muchos años. Desde 1970 se dedicó al estudio de la criminalidad, de sus causas y de los medios para controlarlo. En 1998, la Asociación Mexicana de Criminología le otorgó la medalla al mérito "Alfonso Quiroz Cuarón". En Artículo Persistencia de la tortura, nos legó:        

 

No hay organismo de derechos humanos que no haya denunciado que en México se practica la tortura. El último informe de Amnistía Internacional y las quejas de los ONGs, insisten en lo mismo. Los culpables: judiciales de la PGR, miembros del Ejército en la lucha contra el narcotráfico y judiciales de las Procuradurías estatales.

 

No es difícil precisar por qué hay autoridades que la practican. Hay policías y militares que disfrutan de su poder e impunidad lastimando, hiriendo, golpeando a alguien  indefenso. Por fortuna son los menos. La regla es que se torture a alguien para obtener una confesión. Como la regla es que se les pase la mano, es frecuente que el torturado confiese lo que no hizo y diga lo que no sabe, pero cree que es lo que otros quieren oír. Las confesiones así obtenidas no son de fiar.

 

La manera más fácil de acabar con ella sería quitarle todo valor probatorio a la confesión. Como esto se les hace cuesta arriba -porque los judiciales tendrían que trabajar y conseguir pruebas de la responsabilidad del acusado-, lo que dicen es que hay que castigar a los torturadores.

 

Claro que habría que hacerlo, sin duda merecen castigo, pero hay muchas dificultades para probar la tortura, tantas, que hasta ahora sólo se ha logrado una condena -una sola-, por este motivo en el DF.       

 

Ha habido reformas para quitarle valor a la confesión. Sólo que resultó peor. La ley dice que una confesión no tiene por sí sola ningún valor probatorio y para que el Juez la tome en cuenta tiene que haber otras pruebas que la avalen. Como una de ellas puede ser otra confesión, ahora en vez de torturar a uno, los judiciales y los militares tienen que torturar a dos. Otra cosa es que una confesión no vale si se hace sólo ante judiciales. Para que sirva de prueba tiene que rendirse ante un MP o un Juez y debe estar presente el defensor. Sólo que dice también que la hecha sólo ante judiciales vale si el acusado la ratifica ante el Juez. El resultado es que ahora tienen que torturarlo tanto que no sólo esté  dispuesto a  confesar, sino a ratificar lo que le hicieron confesar tantas veces como haga falta.

 

La única manera de acabarla es quitarle valor a cualquier confesión: mientras siga siendo más fácil lograr la confesión de un inocente que buscar pruebas de la culpabilidad de un delincuente, seguirá habiendo tortura."

 

VI. LUIS DE LA BARREDA SOLÓRZANO. En 1989 apareció La tortura en México, libro en el que consiguió el más riguroso análisis jurídico conocido en México sobre el tema, aparte de una contribución imprescindible al fuerte debate que, en 1991, desembocaría en la promulgación de la nueva ley contra la tortura.

 

En su artículo Tortura y pena de muerte, en Excélsior, 11 de Enero de 2018, el primer Ombudsman del Distrito Federal, divulga dos casos relevantes para el alegato con el que analiza el tema, en dos partes.

 

"En Trinidad y Tobago se condenó a la horca a 32 personas por homicidio intencional, para el cual la ley ordenaba la pena de muerte como única condena aplicable. Entre los arrestos y las decisiones judiciales finales, los procedimientos duraron de cuatro años a 11 años nueve meses. Las celdas en las que estuvieron antes de la sentencia medían 3.5 por 2.74 metros y cada una albergaba hasta a 14. Carecían de iluminación natural y de ventilación insuficiente.

 

La alimentación y la atención médica no eran adecuadas. Las condiciones sanitarias eran pésimas: un balde para todos los ocupantes de una celda, se vaciaba dos veces al día. Dictada la sentencia, los condenados a muerte eran trasladados a celdas muy cercanas a la cámara de ejecución, en cuya entrada había dibujos de una figura con una cuerda atada al cuello y un mensaje: "Usted ha venido aquí para ser ejecutado".

 

La Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó al Estado argumentando, entre otras cosas, que la duración de los procedimientos, las condiciones de detención de los condenados y el ominoso recordatorio de lo que les esperaba constituían tratos crueles, inhumanos o degradantes que afectaron su integridad física y síquica.

 

En el mismo país un hombre fue condenado por tentativa de violación sexual a 20 años de prisión con trabajos forzados y a recibir 15 azotes de acuerdo con la Ley de Penas Corporales. Serían inferidos con el gato de nueve colas, instrumento de nueve cuerdas de algodón trenzadas, cada una de aproximadamente 30 pulgadas de largo y menos de un cuarto de pulgada de diámetro, asidas a un mango. Las cuerdas eran descargadas en la espalda, entre los hombros y la parte baja de la espina dorsal. Estaba diseñado para provocar contusiones y laceraciones en la piel.

 

La Corte consideró que la pena de flagelación era una institucionalización de la violencia, por lo que, pese a estar permitida por la ley, y ser ordenada y ejecutada por las autoridades, resultaba incompatible con la Convención Americana sobre Derechos Humanos. Es una forma de tortura. El Relator Especial de Tortura de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU ha manifestado que las sanciones legítimas son aquellas ampliamente aceptadas como tales por la comunidad internacional, como sucede con la privación de la libertad. Por el contrario, no puede considerarse legítima la imposición de castigos tales como la lapidación, los azotes o la amputación.

 

Además, la Corte hizo notar el "gran impacto físico y emocional" ocasionado en el condenado por la pena de flagelación, así como "el sufrimiento que experimentó en los momentos inmediatamente precedentes a recibirla". El dolor y el daño físico "fueron exacerbados por la angustia, el estrés y el miedo padecidos durante el periodo en que el condenado estuvo esperando en la cárcel".

 

Concluyo. En relación con el primer caso, aun si las condiciones de detención fuesen confortables, la sola espera en cautiverio de la propia ejecución resulta, por sí misma y en todos los casos, más que un trato cruel, inhumano o degradante: es, por el mayúsculo dolor síquico que produce, una tortura. Por lo que toca al segundo caso, el estrés, la angustia y el miedo que provocó al condenado la espera a ser azotado no son comparables, así los azotes fuesen con el gato de nueve colas, al sufrimiento inimaginable con que se espera la pena de muerte. Además, la Corte asumió la tesis del Relator Especial de Tortura de que sanciones legítimas son aquellas ampliamente aceptadas por la comunidad internacional. La pena de muerte no entra en esa categoría: la mayoría de los países la ha abolido. No existe en Oceanía; en Europa sólo Bielorrusia la conserva.

 

Por ende, la Corte Interamericana debe considerar toda condena a la pena de muerte como tortura y, por tanto, declararla en cualquier caso inaceptable, ya que la Convención Americana sobre Derechos Humanos prohíbe absolutamente toda forma de tortura."

 

VII. Usted, ¿qué opina?

 

El debate sigue abierto.

 

Imágenes

 

https://www.google.com.mx/search?q=tortura&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwj8kZ-87ozZAhUBXqwKHbXkCaoQ_AUICigB&biw=1920&bih=974#imgrc=7YUQD7V6WjwTzM:

 

Pena de Azotes

 

https://www.google.com.mx/search?q=RAFAEL+RUIZ+HARRELL&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwjTsa_F7IzZAhVkja0KHV8wC-kQ_AUICigB&biw=1920&bih=974#imgrc=BimiguDvtn3zOM:

 

Uno de los libros de Rafael Ruiz Harrel.

 

https://www.google.com.mx/search?q=LUIS+DE+LA+BARREDA+SOL%C3%93RZANO,+en+TORTURA+Y+PENA+DE+MUERTE&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwjEl-L25YzZAhUJWq0KHdFGC24Q_AUICigB&biw=1920&bih=974#imgrc=XoIagapNgeBurM:

 

Luis de la Barreda Solórzano